El Caso Delgado y Granado.
Francisco Granado Data, militante de las Juventudes Libertarias fue asesinado en 1963 junto con el también anarquista, Joaquín Delgado en la cárcel de Carabanchel.Francisco Granado nació en Valencia del Ventoso (Badajoz) en 1935 salió de España con su mujer e hijos en busca de trabajo. En Francia entra en contacto con la resistencia antifranquista, integrándose en un grupo de acción denominado "Defensa Interior", en una de cuyas misiones fueron enviados a España. El 17 de agosto fueron ejecutados por Garrote Vil acusados de un atentado contra la siniestra delegación de torturas de la DGS (Dirección General de Seguridad) y otro contra los sindicatos franquistas en Madrid. Ambos tenían menos de 30 años de edad.
Para evitar las protestas internacionales, el régimen franquistas, en tan sólo 17 días los juzgó y asesinó en la tristemente famosa cárcel de Carabanchel. No importaba si podían ser inocentes o no, lo importante era dar ejemplo en una España en la que el régimen franquista mostraba su terror sistemático. En el mes de abril había sido ejecutado el militante comunista Grimau, y más tarde cayó el guerrillero anarquista Ramón Vila Capdevila (Caraquemada).
En la España de la postguerra seguían existiendo miles y miles de presos en las cárceles, recordemos que en Mérida, al menos hasta el año 1947, se siguió fusilando a personas. Había un exilio, interior y exterior. El régimen utilizaba el trabajo esclavo de los presos en obras del Estado como el Canal de Montijo y en otras empresas privadas afines al régimen. El sufrimiento de los vencidos conformaba una sociedad en la que la dictadura franquista dejaba sentir el peso de sus botas. La resistencia tanto interior como en el exterior, bien a través de acciones guerrilleras o acciones urbanas, mantenían la lucha contra la dictadura.Delgado y Granado reconocieron ser militantes anarquistas, pero nadie pudo arrancarles una confesión de culpabilidad, hasta su muerte, defendieron ser inocentes. También la CNT afirmó y confirmó dicha versión. Eran inocentes, porque los autores los atentados, también libertarios, habían huido y estaban en París. Casi 33 años después, las pruebas definitivas de su inocencia -la confesión de Sergio Hernández y Antonio Martín, verdaderos autores de las acciones salieron a la luz el 4 de diciembre en Francia y Alemania. La cadena cultural ARTE realizó trabajo de periodismo de investigación al respecto, que fue emitido en varios países y en España a través del programa "La Noche Temática" de TVE2. Allí puede verse todo el proceso de cómo se desarrolló el Consejo de Guerra, las irregularidades del proceso y las prisas por la ejecución.
En Francia, el periódico "France-Observateur" fue una de las publicaciones extranjeras que denunció la injusticia del caso en portada el 22 de agosto de 1963, cinco días después de la ejecución de Delgado y Granados, tenía un artículo con la pregunta: ¿Por qué Franco ha hecho ejecutar a dos inocentes?'. La versión de la prensa española, muy diferente, alababa "el espectacular éxito de la policía". Hoy se impone la revisión del sumario y la devolución de la dignidad de estas personas y sus familias. En este proceso de recuperación de la memoria histórica, lagunas como estas, tienen que ser cubiertas y reconocer la labor de los luchadores antifranquistas. Que se reconozca moral y económicamente los sufrimientos de tantas y tantas personas.
El Anarquismo Español y la acción revolucionaria (1961-1974).
Octavio Alberola y Ariane Gransac.VIRUS memoria
2005
366 págs.
16 euros
ISBN 84-96044-51-3.
Prólogo de Luis Andrés Edo.
Las divisiones internas y desavenencias entre los libertarios de la Península y los del exilio, junto al acomodamiento y al miedo a la ilegalización de los organismos libertarios españoles en Francia, condujeron a una progresiva burocratización e inmovilismo del Movimiento Libertario. La esperanza de una intervención de las potencias occidentales para acabar con el régimen franquista, una vez finalizada la Segunda Guerra Mundial, hizo entrar a la CNT y la FAI en una dinámica de espera y de negociaciones en la sombra, dejando cada vez más de lado la acción revolucionaria en la Península contra la Dictadura. Parecía que el Congreso de reunificación de la CNT en Limoges (Francia), en 1961, en el que se aprueba la constitución de un organismo «conspirativo» llamado Defensa Interior —formado por los tres brazos del MLE: la CNT, la FAI y la FIJL— había de poner fin a esta situación. Pero pronto se vio que la voluntad de entrar en una dinámica de acción directa contra la Dictadura franquista se quedaba en papel mojado, por los numerosos obstáculos que se ponen desde las direcciones de CNT y FAI a su actuación.
Las Juventudes Libertarias, imbuidas por el espíritu de revuelta y de ruptura con las formas de organización política clásicas de los años sesenta, y formadas en buena parte por aquellos que se tuvieron que exiliar de niños o que nacieron en el exilio, se niegan a renunciar a la estrategia de activismo revolucionario aprobada por el MLE y de su seno nace el Grupo Primero de Mayo. Con el apoyo de algunos militantes experimentados, intentan hacer presente al Movimiento Libertario en las luchas obreras y estudiantiles que se desarrollaban en la Península al margen, en buena parte, de la oposición histórica «oficial».
El activismo anarquista contra la Dictadura en los años sesenta y setenta influirá y será influenciado por otros grupos revolucionarios que surgen en todo Occidente, ayudando a poner sobre el tapete de la actualidad internacional la existencia de la Dictadura franquista y sus alianzas con las democracias occidentales.
Este trabajo a cargo de Octavio Alberola y Ariane Gransac, dos de los protagonistas de los hechos que se narran, fue editado por primera vez en 1975 por Ruedo Ibérico en Francia, y aún hoy en día sigue siendo imprescindible .para comprender la oposición libertaria contra la Dictarura posterior a las formas de guerrilla practicadas por los Sabaté, Facerías, Caraquemada, Massana, etc., hasta principios de los años sesenta.
La FIJL en la Lucha por la Libertad.
Raúl Carballeira/A. FrancoHasta muy recientemente, el anarquismo que viene haciendo historia vivida desde hace más de un siglo, nunca se había ocupado en narrarla: le bastaba con vivirla. Pero, hoy, después de estos cuarenta años de silencio, es preciso acometer la empresa de relatarla. La forma que hemos encontrado, sin que por ello signifique rendir culto a la personalidad, ha sido contarla al paso de los personajes que la han escrito con su existencia, entregada a la causa y por la causa del proletariado. Por lo que se refiere a la FIJL, esta organización bien que constituida a nivel ibérico en su I Congreso celebrado en Madrid en 1932, contaba ya con una larga historia, a través de las actividades de sus grupos juveniles libertarios, presentes en todos los Congresos y Conferencias celebrados por el anarquismo organizada antes de constituirse la FAI en julio de 1927. La historia del movimiento anarquista ibérico recoge los títulos de sus publicaciones, esto en el orden de aportación teórica y sus acciones en su lucha por la libertada La historia más reciente en este duro período de 1935 hasta 1975, está jalonada por su actuación a lo largo y ancho del país. Sus publicaciones tales como «Ruta» en Cataluña, aparecieron ya impresas en 1945, y «Juventud Libre» aparecía también en Madrid por la misma fecha Los grupos juveniles de la FIJL, actuaron en Barcelona, Valencia y Madrid desde el instante mismo en que el generalísimo Franco daba por terminada la guerra el 1 de abril de 1939, desmintiendo así la afirmación del dictador faraónico creador del Valle de los Caídos.
LA FEDERACION IBERICA DE JUVENTUDES LIBERTARIAS
Las características sociales de la capital de España, centro burocrático del Estado, de la nobleza decadente, del caciquismo político, de la pequeña burguesía patrona de una industria rudimentaria, habían favorecido por largos años la táctica templada del Partido Socialista y la Unión General de Trabajadores, en detrimento del anarquismo, no obstante los constantes esfuerzos de éste por recuperar la hegemonía que había tenido en los tiempos de la Primera Internacional. Desde últimos del siglo pasado y primeros años del presente el anarquismo luchó con tesón por hacerse presente, en particular por medio de la propaganda de prensa. Registremos la aparición en Madrid de La Revista Social (1881-84); La Anarquía (1882-85 y 1890-93); Tierra y Libertad (bimensual en 1888 y diario en 1896) La Revista Blanca (1898); El Libertario (1909), entre otros periódicos y revistas.
A partir de la caída de la dictadura de Primo de Rivera empezó a abrirse paso progresivamente el sindicalismo libertario en aquel coto cerrado del socialismo político. Desde sus humildes orígenes (1872) el partido fundado por Pablo Iglesias gozó de bastante estabilidad debido a su táctica temporizadora. Sólo en dos ocasiones (1917 y 1934) había abandonado esta tradición moderada. En revancha el Partido Socialista se hizo acreedor a un cierto desprestigio en los años que siguieron al golpe de Estado militar de 1923.
La colaboración socialista en el primer gobierno republicano (1931-33); la discutida gestión de Largo Caballero en el Ministerio de Trabajo; las represiones antiobreras (en especial contra la C. N. T.) de aquel gabinete, ni mermaron el potencial anarcosindicalista en todas las provincias españolas ni impidieron su afluir creciente en Castilla la Nueva y en Madrid, en detrimento de la Unión General de Trabajadores.
Pero la instalación de la C. N. T. en la capital de España no fue sin consecuencias. Los militantes confederales del Centro ya se habían significado por su psicología propia, que aumentó y se puso de relieve a medida que los grupos de oposición abandonaron la Casa del Pueblo para convertirse en sindicatos, algunos de los cuales (Construcción) no sólo hablaban de tú a sus rivales, sino que los superaban en número y dinamismo. Valga decir que las sociedades de resistencia de la U. G. T. resultaban orgánicamente anticuadas ante los sindicatos de ramo e industria de la Confederación Nacional del Trabajo, encuadrados orgánicamente según procedimientos más modernos. Por otra parte, pasadas las mascaradas electorales y frustradas las promesas de los redentores políticos, la triste realidad de los hechos daba razón a la divisa sindicalista revolucionaria. La «acción directa», con todos sus inconvenientes, aventajaba a su rival concurrente la «acción política». Las conquistas de la última no tendrían lugar sin la previa intervención de la primera.
El militante confederal inédito de la región central no vino sólo a medrar, sino que aportó su pequeño bagaje al patrimonio común. Había heredado lo mejor del movimiento que acababa de dejar y se asimilaba pronto las experiencias de la nueva corriente. Estos militantes se señalaban por su seriedad altiva, incapaz de humor y de lirismo, por una tenacidad y un dinamismo austeros, sin exaltaciones, por su visión realista de los problemas, que ignoraba, y a veces desdeñaba, las sutilidades doctrinarias.
Esta sangre nueva hizo buena liga con los castellanos de las promociones veteranas, también dotados de cualidades particularísimas. A señalar los componentes del grupo «Los Iguales», con Mauro Bajatierra en cabeza; y los Feliciano Benito, Cipriano Mera, Pedro Falomir, etc.
Entre ambas promociones destaca un militante de gran talla, joven, inteligente, cultísimo, anarcosindicalista, es decir, idealista práctico, escritor de altos vuelos y orador brillante, castellano viejo (de Valladolid) e internacionalista (permaneció gran parte del período de dictadura en Berlín, ayudando a Rodolfo Rocker en la A. I. T., y en contacto estrechísimo con Max Nettlau; discípulo, pues, de ambos), propagandista y hombre de organización, teórico excelente y temible polemista, flagelo de los tribunos comunistas. He aquí un esbozo de V. Orobón Fernández: uno de esos fenómenos de corta duración, pero de efectos intensos, una vida breve, pero fecunda (murió de enfermedad, todavía joven —nació con el siglo—, en la primavera de 1936).
Rodolfo Rocker dedica, en su autobiografía, sentidas frases a Orobón:
«Un tiempo después llegó a Berlín otro compañero español, que vivió allí con nosotros algunos años: Valeriano Orobón Fernández. Orobón nació en 1901 en Valladolid, era pues algo más joven que Santillán y, como este, un individuo muy dotado, con disposiciones intelectuales excelentes, que por desgracia no pudieron llegar a su pleno desarrollo porque una muerte prematura puso fin a su vida. Orobón ocupó un puesto en la Escuela Berlitz de Berlín como profesor de español y, en sus horas libres, escribía mucho para nuestros periódicos españoles o hacía trabajos de traducción. Poseía sobre todo excelentes conocimientos lingüísticos y aprendió el alemán en un período de tiempo sorprendentemente breve. Conoció Orobón el movimiento libertario siendo un joven estudiante. Su padre pertenecía al partido socialista, lo que no le impidió confiar a Valeriano y a su hermano Pedro a una escuela libertaría de Valladolid, cuyos métodos de enseñanza se movían en la misma línea aproximadamente que los de la Escuela Moderna fundada por Francisco Ferrer en Barcelona. En estas circunstancias era enteramente natural que los dos hermanos estuviesen después más impresionados por el movimiento anarquista del país, fuertemente desarrollado, que por las concepciones socialistas moderadas del padre. En efecto, Orobón fue atraído muy pronto por el movimiento libertario, al que consagró sus mejores energías hasta la muerte... Fue, en 1927, por un tiempo, a Viena, y yo le había dado una cálida recomendación para Nettlau. Poco después me escribió este último: "El bravo español que me ha enviado es un individuo capaz y excelente. Posee sentido histórico y comprende la continuity of history. Esto le preserva de exageraciones que sólo conducen a sofismas. Pues, finalmente, la creencia en la omnipotencia de la revolución que pretende romper de golpe todas las conexiones con el pasado y crear de la nada algo nuevo, sólo es un creencia mesiánica. Los jacobinos y Napoleón creían realmente en tal posibilidad, pero los anarquistas deberían ser los últimos en compartir esa presentación fantástica". Para perfeccionarse en el idioma inglés aceptó por un año un empleo en la escuela Berlitz de Londres, pero cuando llegó el invierno con sus densas nieblas tuvo que abandonar precipitadamente Inglaterra y regresó a Berlín. Sufría ya de los pulmones y había empeorado su situación... No obstante, la mayor parte de nosotros no sabía nada de lo que le ocurría, pues no se quejaba nunca...»
Al proclamarse la República, Orobón regresó a España y se instaló en Madrid. Allí hizo por si solo gran parte del trabajo proselitista, empezando por atraer a la C. N. T., como simpatizantes, como militantes o como aves de paso, a un grupo de intelectuales. Entre los que permanecieron figuran periodistas y escritores, en su mayoría jóvenes, tales como Cánovas Cervantes (director del diario La Tierra), J. García Pradas, Eduardo de Guzmán y, por algún tiempo, Ramón J. Sender.
Eran aquellos los tiempos del himno « ¡A las barricadas! », de la bandera roja y negra, de la Agrupación de Mujeres Libres, de las Juventudes Libertarias, de la Alianza Revolucionaria, de la revolución comunista libertaria, la mayoría inquietudes o realizaciones de la nueva generación militante del Centro.
Un famoso artículo fue publicado por Orobón en La Tierra, después de las represiones de 1933, después de la derrota electoral de las izquierdas, cuando Largo Caballero hacía sus primeros pinitos de «Lenin Español». En este artículo, Orobón defendía fogosamente, inteligentemente, la Alianza Revolucionaria:
«La represión con que se está diezmando a la C. N. T. es un anticipo vergonzante y vergonzoso hecho al fascismo específico, y una muestra elocuente de cómo los "términos medios" y las ponderaciones teóricas de la democracia burguesa se convierten fácilmente en extremos. A la hora de la lucha, los "demócratas" olvidan su filiación política y forman con arreglo a su formación de clase. Aprendan con este ejemplo los camaradas que, por purismos deleznables, se encastillan en la teoría de “nosaltres so1s”. Para vencer al enemigo que se está acumulando frente al proletariado, es indispensable el bloque granítico de las fuerzas obreras. La facción que vuelva las espaldas a esta necesidad se quedará sola y contraerá una grave responsabilidad ante si misma y ante la Historia. Porque mil veces preferible a la derrota, que el aislamiento nos depararía, inevitablemente, es una victoria proletaria parcial que, sin ser patrimonio exclusivo de ninguna de las tendencias, realice de momento las aspiraciones mínimas coincidentes de todos los elementos pactantes; aspiraciones mínimas que comienzan en la destrucción del capitalismo y la socialización de los medios de producción...»
Este artículo es uno de los documentos más trascendentales de aquella época. La joven C. N. T. del Centro se hizo unánimemente suya su tesis. Los anarcosindicalistas asturianos la pusieron en práctica en octubre de 1934.
En cuanto a las juventudes Libertarías, exportadas a todas las regiones de España, celebraron su primer congreso nacional en Madrid, en 1932. Los principales acuerdos fueron: constituirse como organización peninsular (como había hecho la F. A. I.) y adoptar la denominación de Federación Ibérica de juventudes Libertarias. He aquí parte de la declaración de principios acordada por el congreso:
«...Para estos fines, esta Agrupación luchará contra la propiedad, el principio de autoridad, el Estado, la política y la religión... Contra la propiedad, porque es una injusticia inhumana ... Contra el principio de autoridad, por suponer éste el relajamiento de la personalidad humana... Contra el Estado, porque coarta el libre desenvolvimiento y normal desarrollo de las actividades éticas ( ... ) y defiende la propiedad mediante los cuerpos armados, policía y magistratura... Porque mantiene el ejército y la armada... Contra la política, porque presupone la anulación de la individualidad al entregar la voluntad propia a otra extraña ( ... ) y es el sistema para legitimar los intereses de la propiedad y las leyes para el cuidado y defensa del Estado... Contra las religiones, porque atentan al libre pensamiento del hombre, creándole una jerarquía moral que le predispone a admitir sin protesta toda tiranía y desvirtúan las relaciones sociales por el terror y el fanatismo, negador de la razón y el progreso científico...»
Como la F. A. I. a partir de 1927, la F. I. J. L. no llegó nunca a ser una verdadera federación peninsular, en el sentido de que tampoco consiguieron la incorporación de los jóvenes libertarios lusitanos, como no había logrado la F. A. I. representar realmente a la Federación Anarquista Portuguesa. Ambas organizaciones, intituladas peninsulares, fueron netamente españolas y revolucionarias más que otra cosa.
Casi al nacer las Juventudes Libertarias se manifestaron dos tendencias. Entre los jóvenes libertarios de Cataluña predominaba el criterio adverso a una federación nacional. Estos jóvenes concebían las Juventudes como filiales de los sindicatos y de las federaciones anarquistas. Entendían que su misión se limitaba a tareas de cultura y propaganda, captación y autocapacitación así lo que los grupos y sindicatos, absorbidos por el fragor de la lucha, económica y revolucionaria, no podían atender.
En los propios medios anarquistas y confederales, la idea de una federación nacional de tal carácter, con personalidad orgánica independiente, no solamente se consideraba un peligro desviacionista, sino que avivaba la vieja polémica sobre los inconvenientes de dividir a los militantes en viejos y jóvenes, polémica que realmente enfrentaba a los representantes de la vieja y joven generación, con sus recelos y petulancias.
Aparte de esto, ambas tendencias juveniles manteníanse firmes en sus posiciones. Los jóvenes catalanes motejaban a sus hermanos del Centro de «organizacionitas», y «centralistas», recibiendo, en justa reciprocidad, los epítetos de «catalanistas» y «separatistas». Esta divergencia se acentuó después del 19 de julio.
Por lo que a la F. I. J. L. se refiere, desde los primeros meses de la revolución adoptó en casi todas las regiones de la zona liberada la misma posición colaboracionista que habían ejemplarizado las organizaciones libertarías mayores. Entre la C. N. T. y la F. A. I., la F. I. J. L. iba a remolque de sus decisiones.
Propiamente hablando, las Juventudes Libertarías habían quedado desiertas de sus elementos más activos. Los comités tendían a quedar reducidos a los militantes más indispensables. La inmensa mayoría de los adherentes había sido arrebatada por el ardor del combate, alistándose en las milicias que cubrían los frentes.
Los cuadros militantes a que nos referimos más arriba, reducidos a lo estrictamente indispensable, eran exentos de sus deberes militares. En los primeros meses de la guerra, la exención, cuando era necesaria, la pronunciaban directamente los comités confederales; más tarde tuvo que ser privilegio de las autoridades y se otorgaba a propuesta de los comités políticos y sindicales. Este problema de los exentos creó en todos los organismos de la retaguardia una clase burocrática, que propendía a convertirse en casta.
No obstante, durante aquellos primeros meses de la guerra el alistamiento a las milicias no era riguroso, sino voluntario. El gobierno movilizaba continuamente por decreto, pero tales medidas tenían efectos muy relativos. Los centros oficiales de reclutamiento eran poco concurridos. Los que sentían el deber de marchar al frente ejercían una fuerte coacción moral sobre los indecisos y remisos, lo cual dio excelentes resultados en tanto perduró la virginidad revolucionaria. A pesar de todo, jóvenes y maduros preferían enrolarse en los batallones de voluntarios organizados por el comité de su simpatía.
Esta emigración de jóvenes hacia los frentes favoreció el avasallamiento de los comités juveniles de la retaguardia por las organizaciones mayores. Se explica, pues, que la F. I. J. L. interviniese como organización en muchas de las combinaciones del frente antifascista, ostentando cargos administrativos y gubernamentales. Esta línea colaboracionista condujo a una serie de contactos con otras organizaciones juveniles, y a la participación intensa en aquel frondoso movimiento de pactos de unidad por control remoto de las Juventudes Socialistas Unificadas.
Pero justo es declarar que si la F. I. J. L. no puso apenas resistencia a la psicosis circunstancialista que agobiaba a la C. N. T. y a la F. A. I., no es menos cierto que supo mantenerse inmune, como sus hermanas mayores, al contagio stalinista. Los tesoneros propósitos de las J. S. U. (ellas mismas el más visible ejemplo de contagio stalinista) por formar un gran bloque juvenil que pensaban dominar después mediante la técnica de absorción de los aliados, se estrellaban contra la no menos tesonera resistencia de la F. I. J. L. En sus tratos y pactos con los jóvenes comunistas, los jóvenes libertarios supieron, como vulgarmente se dice, nadar y guardar la ropa; bordeaban el abismo sin resbalar irremediablemente.
Tratemos de ordenar estos hechos lo más cronológicamente posible. El estado de las relaciones entre los jóvenes libertarios de Cataluña y sus hermanos del resto de España resalta de una de las mociones del congreso celebrado por los primeros en Barcelona el 1 de noviembre de 1936. En aquel congreso se puso a discusión «la proposición hecha a las juventudes Libertarias de Cataluña, por el Pleno Nacional de Regionales, para que ingresen en la F. I. J. L.».
La respuesta fue la siguiente: «Sobre la proposición de la F. I. J. L. el congreso, por unanimidad, acuerda su ingreso a la misma, recabando plena autonomía para la Regional Catalana, a fin de poder seguir sus relaciones con la F. A. I.»
Esta adhesión condicionada implica una fidelidad a ultranza a la clásica línea de conducta según la cual los jóvenes libertarios de Cataluña seguían considerándose filiales de la Federación Anarquista Ibérica. Caso paradójico, la F. A. I. correspondía de la peor manera a esta fidelidad amorosa de sus jóvenes aguiluchos, instándoles, coaccionándoles, amenazándoles, a seguir la tortuosa «línea general del movimiento». Defraudados, pues, en su fidelidad, los jóvenes libertarios de Cataluña rindieron culto a otra fidelidad que entendían superior: la defensa a ultranza de lo que llamaban, en términos que habían de hacer fortuna, «principios y tácticas consubstanciales y permanentes», por oposición al «circunstancialismo», otro término suyo que hizo fortuna, réplica a la teoría corriente, según la cual «circunstancias imprevistas e imperiosas» habían impuesto el «sacrificio circunstancial de los principios»
En aquel congreso del 1 de noviembre se puso de relieve entre la mayoría de las delegaciones y los componentes del Comité Regional una profunda discrepancia. La proposición de la F. I. J. L. traslucía el sentir de dicho Comité. La respuesta era la voluntad de la mayoría del congreso. El primero era dócil a las orientaciones generales del movimiento; el segundo insistía en un clasicismo doctrinario intransigente. Había, pues, un cierto divorcio entre el Comité regional y sus representados; entre las Juventudes Libertarias de Cataluña y los comités confederales y anarquistas de la misma región; entre estos mismos jóvenes libertarios y los del resto de España. El conflicto pasó inadvertido, bien que latente, durante todo el resto de 1936. La mayoría de los jóvenes estaba en los frentes y no atendía a otro problema que la guerra. Empezó a rebrotar a medida que iban acumulándose las decepciones políticas, y en la medida también en que la llamada a la disciplina orgánica, por parte de los comités superiores, se hizo más apremiante. Mientras no se plantearon estos problemas los comités de la retaguardia hicieron amplio uso de sus atribuciones.
No es, pues, sorprendente la firma de un pacto, el 17 de aquel mismo mes de noviembre, entre los comités de las juventudes Libertarias de Cataluña y de las juventudes Socialistas Unificadas de la misma región. Dicho pacto era una, especie de suite al que habían firmado en agosto la C. N. T. y la F. A. I. con la U. G. T. y el P. S. U. C.
El contenido del pacto juvenil, igual que el de las organizaciones mayores, era más bien espectacular:
«Comprendiendo que los momentos que atravesamos precisan de la máxima coordinación de esfuerzos ( ... ) se constituye un Comité de Enlace ( ... ) con el fin de que exista de inmediato una estrecha cohesión entre ambas organizaciones, necesaria para ganar pronto la guerra, realizando sobre la marcha la transformación social... Se constituye, además, este Comité de Enlace como primer paso para lograr la estrecha colaboración de toda la juventud antifascista y revolucionaria, cuya base podrá ser ampliada cuando ambas partes lo crean conveniente...»
Completan el documento las consiguientes consignas de la época: representación de todas las tendencias antifascistas en la dirección política y económica, de acuerdo con las fuerzas que representaban; movilización general y rápida para ganar la guerra; preparación técnico-militar de los jóvenes combatientes; disciplina militar, no cuartelaria; creación de una verdadera economía de guerra; limpiar de fascistas los frentes y la retaguardia, etc.
Firmaban el documento, por el Comité Regional de Juventudes Libertarias, Alfredo Martínez, Fidel Miró y Juan Bautista Aso.
Las relaciones entre libertarios y stalinistas eran ya bastante tirantes en aquel mes de noviembre. Los tratos y compromisos empezaban a carecer de sinceridad. Reducíanse más que nada a maniobras de diversión o de propaganda. De todos modos la rotura se produjo pronto.
En marzo de 1937, el Comité Regional de Juventudes de Cataluña organizó un gran mitin al aire libre, en la gran plaza de Cataluña. El objeto era exteriorizar el descontento producido por la pérdida de Málaga. El auditorio se cifraba en cincuenta mil personas. Hablaron diversos oradores jóvenes, del frente y de la retaguardia. Las Juventudes Socialistas Unificadas se negaron a participar en el acto so pretexto de que lo hacían los representantes de la Juventud Comunista Ibérica (Juventudes del P. O. U. M.). Todo lo relacionado con el trotskismo —y era trotskista todo comunista no ortodoxo— empezaba a caer bajo la violenta excomunión stalinista. Las J. S. U. pretendían que los jóvenes rivales fuesen expulsados de la tribuna. La insatisfacción a tan osadas pretensiones produjo la crisis del pacto recién concluido.
Las cosas no iban mejor en el plano juvenil nacional. En febrero de aquel mismo año la F. I. J. L. había celebrado en Valencia un Pleno Nacional de Regionales. Diremos como detalle curioso que se dieron a conocer entonces los afiliados que cada Regional representaba: Andalucía, 7.400; Extremadura, 1.907; Levante, 8.200; Centro, 18.469; Aragón, 12.089, y Cataluña, 34.156. Por causa mayor de la guerra no pudieron estar presentes los jóvenes libertarios de la zona liberada del Norte.
Lo más importante de este Pleno fue que se propuso un Frente Juvenil Revolucionario a todas las organizaciones juveniles antifascistas. Se elaboró el programa de este F. J. R. y en él figuraba esta declaración:
«Consideramos que no es posible llegar a formar el Frente juvenil Revolucionario sin reconocer la transformación social y económica sufrida por el pueblo español desde el 19 de julio. Por tanto, deben comprometerse todos los organismos que ingresen en este frente a encauzar esta transformación social... Ganar la guerra, hacer la revolución, esta es la misión del Frente de la Juventud Revolucionaria...»
Este párrafo era un reto a la turbia política unitaria de las Juventudes stalinistas. En la Conferencia Nacional de las J. S. U., que había tenido lugar un mes antes aproximadamente, su secretario general, Santiago Carrillo, había hecho esta declaración:
«Nosotros luchamos por la República Democrática y no nos avergonzamos de confesarlo... Sí, camaradas, luchamos por una República democrática; mejor dicho, por una República democrática y parlamentaria. No se trata de una estratagema para engañar a la opinión democrática española ni para engañar a la opinión democrática mundial. Luchamos sinceramente por una República democrática porque sabemos que si cometiésemos el error de luchar en estos momentos —incluso por muchos meses después de la victoria— por la revolución socialista, contribuiríamos a la victoria del fascismo...»
A principios del mes de abril los jóvenes stalinistas organizaron en Madrid un aparatoso congreso de la juventud. Invitaron a él a todas las organizaciones juveniles de no importa qué tendencia: libertarías, republicanas, católicas inclusive, atrevimiento sin precedentes. Dos jóvenes libertarios que se hallaban presentes pidieron la palabra. Y al levantarse el primero de ellos a hablar los técnicos de la propaganda hicieron que todo el congreso, como movido por un resorte, se pusiese de pie y aplaudiera. Al mismo tiempo una banda de música interpretaba solemnemente el himno anarquista.
El joven libertario no se dejó impresionar por aquella lluvia de flores de trapo y, sin preámbulos, abordó su discurso:
« ...Mi voz viene a discrepar casi en absoluto de todo lo que aquí se ha manifestado. Aquí os asusta la palabra "revolución". Decía ayer un destacado militante de las J. S. U. que era necesario que se desplazasen algunos hombres a organizar la Juventud de Cataluña... Nosotros pedimos una alianza juvenil con una base sólida, que aquí no se ha querido plantear, sino que se ha dado de lado; una base de alianza que sirva para hoy y para mañana; pero no vemos la posibilidad de llegar a un acuerdo... Se tiene que sacrificar todo, como nosotros hemos hecho con nuestros honrosos principios. En nombre de la Juventud Libertaria he de deciros que el informe de las J. S. U. es totalmente hueco de contenido social y emplazamos a éstas para que presenten unas bases sólidas...»
No se habían repuesto todavía de la decepción que produjo este discurso, cuando a su vez subió a la tribuna el otro joven libertario, quien no menos imperturbable empezó a decir:
«Vine a este congreso creyendo encontrar algo nuevo... Las J. S. U. organizaron en Valencia un congreso en el que trataron a su manera de la situación de la juventud española. También los jóvenes libertarios hemos ido a Valencia y llevamos una posición firme y clara, de auténtico contenido revolucionario... Los jóvenes libertarios quieren una revolución con una ética social. Los jóvenes de las J. S. U. han traído a este congreso las mismas bases aprobadas en Valencia. Había que recoger en pro de la alianza a los combatientes que luchan por el gobierno legítimo “y al lado de éstos incluso a los católicos”, se ha dicho por aquellas juventudes. Y yo pregunto, ¿cómo las J. S. U. pueden llegar a unirse con los católicos cuando siempre llevaron estos la religión para medro personal?... Aquí se ha dicho que se lucha por la República democrática y parlamentaria. Conforme sí es una República en el sentido que defendía Platón; democrática, si democracia significa el gobierno del pueblo por el pueblo. Parlamentaria, de ninguna manera. No podemos estar conformes con el parlamentarismo. Son los sindicatos quienes deben controlar la política y la economía de España...»
Las discrepancias entre las juventudes Libertarias de Cataluña y el Comité Peninsular de la F. I. J. L. se acentuaron después de los sangrientos sucesos de mayo de 1937. Durante aquellos sucesos los comunistas habían asesinado y mutilado terriblemente a 12 jóvenes libertarios que tenían prisioneros. Los cadáveres fueron abandonados en un cementerio. Entre estos infortunados figuraba Alfredo Martínez, miembro del Comité Regional y secretario del Frente de la Juventud Revolucionaria de Cataluña.
El 15 de mayo se celebró un congreso regional extraordinario en Barcelona para determinar la orientación futura de las JJ. LL. y nombrar un nuevo Comité Regional. Las sesiones fueron muy borrascosas pero se hizo claro que una mayoría aplastante de la organización clamaba por la vuelta a las tradiciones libertarias. Esta tendencia clasicista se hizo cargo del nuevo Comité Regional. Para que no hubiese lugar a dudas se elaboró un dictamen que fijaba la nueva orientación, en el que se loaba el «concepto permanente de nuestras ideas» y se condenaba la «apostasía circunstancialista».
Esta insubordinación preocupaba mucho a los prohombres de la C. N. T. - F. A. I., quienes usaron de todos los medios, ni ortodoxos ni persuasivos, para someter a los rebeldes. La F. A. I. se preparaba a pasar oficialmente el Rubicón. En las luchas intestinas de los jóvenes, la C. N. T. - F. A. I., en particular la segunda, era beligerante. La C. N. T. no andaba rezagada. Frente a Ruta, órgano del nuevo Comité Regional, y uno de los pocos periódicos anarquistas de oposición al circunstancialismo, Solidaridad Obrera abría) el 17 de junio, una rúbrica especial «Juventud Revolucionaria», que puso en manos de la fracción juvenil minoritaria que acababa de ser derrotada en el congreso.
En las altas esferas de la C N. T. - F. A. I. se temía que la rebelión de los jóvenes libertarios se extendiese a los grupos anarquistas (lo que ocurrió a partir de julio) y a los sindicatos; de Cataluña a las demás provincias. El Comité Peninsular de la F. J. J. L. reclamaba de los jóvenes insurrectos una sumisión completa, alegando compromisos orgánicos que aquéllos no habían contraido. Los Plenos Nacionales de Regionales se repetían a una cadencia vertiginosa con el objeto aparente de ablandar la resistencia de aquellos a quienes se empezó a llamar «pieles rojas».
El problema de la unidad juvenil era el motivo principal de la tirantez. En virtud de la nueva orientación el Comité Regional de Cataluña había declarado nulos todos los pactos más o menos caducos contraidos por el Comité anterior, incluso los que tuvieron lugar bajo el signo del Frente de la Juventud Revolucionaria. Este pacto afectaba a la Juventud Comunista Ibérica (filial del P. O. U. M.). Los jóvenes libertarios de Cataluña habían presentido que el F. J. R. estaba condenado a muerte a corto plazo por los mismos que le dieron vida. Como se ha visto, el Frente de la Juventud Revolucionaria fue creado por un Pleno Nacional de Regionales de la F. I. J. L. en el mes de febrero de aquel mismo año, frente a la Alianza Juvenil Antifascista que mangoneaban las J. S. U.
Efectivamente, en el terreno de la unidad juvenil habían dos bloques. El creado por las J. S. U. en su conferencia de enero, con republicanos y católicos, y el fundado por la F. I. J. L. el mes siguiente, del que formaban parte la juventudes del P. O. U. M. El primero atravesaba una crisis bastante seria. Algunos miembros de las antiguas juventudes Socialistas afectas a Largo Caballero, empezaban a darse cuenta de la encerrona en que habían caido merced al doble juego de Santiago Carrillo y compañía y empezaban a levantar el grito. Las secciones asturiana y valenciana de las. J. S. U. se declaraban en rebeldía. La crisis tenía origen en intervenciones de los jóvenes libertarios como las que hemos descrito.
Temeroso de este peligro, el estado mayor de las J. S. U. quemó las etapas con vistas a un pacto de unidad juvenil, lo suficientemente hábil para atrapar a la F. I. J. L. Había que salvar los puntos de fricción, los cuales consistían en una declaración «revolucionaría» de la alianza, a mercadear contra la eliminación del P. O. U. M. Los líderes del bloque libertario se manifestaban intratables, al mismo tiempo, con las «juventudes católicas».
Los contactos, sin embargo, persistían. Y quizá fuesen éstos los que tenían a los jóvenes catalanes recelosos. Tanto es así que el 10 de agosto el Comité Peninsular de la F. I. J. L. publicaba un extenso manifiesto, en el que se daba cuenta de la rotura de relaciones en marcha para la Alianza:
«En otras ocasiones nos habíamos negado a participar en un organismo en el que se aglutinan todas las juventudes antifascistas revolucionarias, mientras excluyera a una determinada facción, más o menos numerosa de nuestras juventudes ( ... ) mientras se tendía a dar entrada a organismos juveniles de carácter religioso... Presentados los dos dictámenes, el nuestro y el de la Unión Federal de Estudiantes Hispanos, accedimos después de largos debates a que fuese este último el que sirviese de base de discusión. Con lo que no quisimos ni podemos transigir, porque nos lo veda la dignidad, el decoro y el sentido humanista ( ... ) fue aceptar íntegro el quinto punto de las bases presentadas por la U. F. de E. H., el cual dice lo siguiente: “Y señalar a los trotskistas como agentes del fascismo, enemigos de la unidad del pueblo y de la juventud antifascista, y organizadores del centro de espionaje recientemente descubierto por la policía...”»
No será necesario esforzarse para comprender que la tal Unión Federal de Estudiantes Hispanos no era más que una sucursal mal disimulada de la J. S. U. fabricada ex–profeso. Este mimetismo es moneda corriente en el maniobreo stalinista. Aparte esto, se comprendía también fácilmente que el acuerdo no tardaría en producirse. No seria la primera vez que los libertarios se desembarazaban del «trotskismo» cediendo a «supremas realidades». De hecho los jóvenes del P. O. U. M. habían sido ya sacrificados. Se trataba solamente de evitar el insulto.
Así las cosas, el 10 de septiembre ambas potencias fundían sus ejércitos en la Alianza Juvenil Antifascista (A. J. A.), la primera de cuyas bases proclamaba:
«La Alianza Juvenil Antifascista, reconociendo la transformación política, social y económica operada en nuestro país después del 29 de julio del pasado año, se compromete a consolidar las conquistas revolucionarias.
«Asimismo las organizaciones juveniles trabajaran constantemente por la alianza de las organizaciones sindicales C. N. T. y U. G. T. para ganar la guerra y desarrollar la revolución. Del mismo modo verán con simpatía la unidad de las fuerzas políticas afines para el mismo fin.
«Las Juventudes integrantes de la Alianza se pronuncian en el sentido de que todas las organizaciones políticas y sociales de nuestro pueblo, encuadradas en el marco antifascista, estén representadas en la dirección del mismo, en relación a sus fuerzas e influencia, previa la elaboración de un programa común para facilitar nuestro triunfo sobre el fascismo.»
Siendo «la transformación política» operada un contrapeso aplastante para la «transformación social y económica», al proclamar todo esto, los jóvenes comunistas no hacían ninguna concesión revolucionaria. Propiciar la alianza C. N. T. - U. G. T. cuando esta última organización estaba a punto de caer en manos del Partido Comunista tampoco era ninguna concesión. (El acontecimiento de la stalinización de la U. G. T. se consumó a fines de aquel mismo año.) Finalmente, abrir la puerta del gobierno a la C. N. T., que es el secreto del último apartado, era un compromiso un poco vago, y dependiente del humor del momento decisivo.
La C. N. T. quería gobernar a toda costa. Había tenido la corazonada de seguir a Largo Caballero en su desgracia, y ahora lo lamentaba. Todos los documentos de este período están marcados por el hambre de gobierno de la C. N. T. Hubo inclusive un compromiso con el Partido Comunista que éste burló pérfidamente. El P. C. tenía entonces las llaves de San Pedro y era a él que la C. N. T. mendigaba unas migas de poder. Un periódico controlado por la facción afecta a Caballero comentaba compasivamente ese furor lamentable: «Acertamos cuando a la vista del documento del Buró Político del Partido Comunista dijimos que no se fiara nadie y que todo cuanto perseguía era convertir en juguete suyo a la C. N. T.»
La C. N. T. vacilaba entonces entre dos barajas. Por una parte había revalidado no hacía mucho tiempo unas bases de unidad con la U. G. T. todavía no dominada por los comunistas. Ahora, viendo cercano este dominio, sentía impulsos irreprimibles por pasarse al bando del vencedor. El P. C. veía largo y jugaba seguro. Por una parte estorbaba el pacto C. N. T. - U. G. T.; por la otra, se hacia suya la U. G. T. filtrándose en ella jugaba con la C. N. T. alternando la esperanza con la perfidia. El ingreso de la F. I. J. L. en la A. J. A. no se explica sino teniendo en cuenta estos hechos y el vasallaje que pesaba sobre ella.
De todas maneras hay que proclamar que la A. J. A., que vivió hasta el fin de la guerra en Cataluña, al englobar a los jóvenes libertarios no pudo nunca absorberlos y digerirlos como habían hecho las J. S. U. con los jóvenes socialistas.
Firmadas las bases que acabamos de comentar, el programa preveía una campaña de mitines con el fin de propagar la buena nueva por todas las principales ciudades de la zona leal. La A. J. A., cuya presidencia ostentaba un libertario, se dirigió inmediatamente al Comité Regional de JJ. LL, de Cataluña, solicitándole la organización de uno de estos actos. La respuesta fue negativa. No existiendo en Cataluña sucursal de la A. J. A. no había lugar a la aplicación del acuerdo. La intervención del Comité Peninsular de la F. I. J. L. no tuvo mejor resultado. Los comités superiores de la C. N. T. - F. A. I. se estrellaron igualmente ante la firme actitud de aquellos jóvenes. Finalmente decidieron pasar por encima de su voluntad. Al efecto el mitin fue anunciado en la rúbrica juvenil de Solidaridad Obrera directamente por el C. P. de la F. I. J. L. El Comité Regional de JJ. LL. replicó con otra nota, que publicó otro diario, en la que se advertía enérgicamente que si se realizaba aquel atropello a la autonomía de una organización regional los jóvenes militantes sabotearían la celebración del acto, recurriendo a la violencia si fuere preciso. En vista de esta firme decisión no se habló ya más del asunto.
El Comité Peninsular hizo marcha atrás.
A partir del 10 de octubre celebraron las JJ. LL. de Cataluña un congreso regional extraordinario. Con su celebración se recogía un reto según el cual la orientación «descabellada» de aquellas Juventudes era el resultado de la «dictadura de su Comité Regional». En el orden del día figuraban temas tan significativos como los siguientes: «Discusión del informe enviado por un grupo de militantes contra el Comité Regional». « ¿Deben continuar las JJ. LL. como sección de cultura y propaganda de la F. A. I.? ». «Posición de las JJ. LL. de Cataluña ante la Alianza Juvenil Antifascista». «Nombramiento de nuevo Comité Regional», etc.
Para hacerse una rápida idea de los resultados de este congreso bastará decir que la gestión del Comité Regional fue aprobada por una mayoría aplastante que impresionó al mismo Comité de la F. I. J. L., expresamente invitado a presenciar las deliberaciones. Los miembros del Comité Regional, en su mayor parte, fueron ratificados en sus cargos.
Esta demostración de cohesión en la defensa de unos principios queridos se repitió espectacularmente algunos meses después, durante la celebración del II congreso de la F. I. J. L., en Valencia (del 6 al 13 de febrero de 1938).
Cataluña fue la representación más nutrida, y a su lado formaron bloque compacto las delegaciones de siete brigadas de combatientes, venidas expresamente del frente de Aragón. Dos tendencias, una centralista y otra autonomista, se enfrentaron desde el primer momento. El congreso tuvo que pronunciarse ante un dictamen y un voto particular. Aquél hablaba de subordinación a los intereses supremos basados en realidades crudas; éste mantenía el principio de autonomía basado en el pacto libre. Los autonomistas fueron vencidos. Pero los jóvenes rebeldes no se sometieron nunca. Perdieron algunas posiciones pero se mantuvieron firmes, en una defensa elástica, sin ceder en lo fundamental.
LOS ANARQUISTAS EN LA CRISIS POLÍTICA ESPAÑOLA
José Peirats.
(1976).
A partir de la caída de la dictadura de Primo de Rivera empezó a abrirse paso progresivamente el sindicalismo libertario en aquel coto cerrado del socialismo político. Desde sus humildes orígenes (1872) el partido fundado por Pablo Iglesias gozó de bastante estabilidad debido a su táctica temporizadora. Sólo en dos ocasiones (1917 y 1934) había abandonado esta tradición moderada. En revancha el Partido Socialista se hizo acreedor a un cierto desprestigio en los años que siguieron al golpe de Estado militar de 1923.
La colaboración socialista en el primer gobierno republicano (1931-33); la discutida gestión de Largo Caballero en el Ministerio de Trabajo; las represiones antiobreras (en especial contra la C. N. T.) de aquel gabinete, ni mermaron el potencial anarcosindicalista en todas las provincias españolas ni impidieron su afluir creciente en Castilla la Nueva y en Madrid, en detrimento de la Unión General de Trabajadores.
Pero la instalación de la C. N. T. en la capital de España no fue sin consecuencias. Los militantes confederales del Centro ya se habían significado por su psicología propia, que aumentó y se puso de relieve a medida que los grupos de oposición abandonaron la Casa del Pueblo para convertirse en sindicatos, algunos de los cuales (Construcción) no sólo hablaban de tú a sus rivales, sino que los superaban en número y dinamismo. Valga decir que las sociedades de resistencia de la U. G. T. resultaban orgánicamente anticuadas ante los sindicatos de ramo e industria de la Confederación Nacional del Trabajo, encuadrados orgánicamente según procedimientos más modernos. Por otra parte, pasadas las mascaradas electorales y frustradas las promesas de los redentores políticos, la triste realidad de los hechos daba razón a la divisa sindicalista revolucionaria. La «acción directa», con todos sus inconvenientes, aventajaba a su rival concurrente la «acción política». Las conquistas de la última no tendrían lugar sin la previa intervención de la primera.
El militante confederal inédito de la región central no vino sólo a medrar, sino que aportó su pequeño bagaje al patrimonio común. Había heredado lo mejor del movimiento que acababa de dejar y se asimilaba pronto las experiencias de la nueva corriente. Estos militantes se señalaban por su seriedad altiva, incapaz de humor y de lirismo, por una tenacidad y un dinamismo austeros, sin exaltaciones, por su visión realista de los problemas, que ignoraba, y a veces desdeñaba, las sutilidades doctrinarias.
Esta sangre nueva hizo buena liga con los castellanos de las promociones veteranas, también dotados de cualidades particularísimas. A señalar los componentes del grupo «Los Iguales», con Mauro Bajatierra en cabeza; y los Feliciano Benito, Cipriano Mera, Pedro Falomir, etc.
Entre ambas promociones destaca un militante de gran talla, joven, inteligente, cultísimo, anarcosindicalista, es decir, idealista práctico, escritor de altos vuelos y orador brillante, castellano viejo (de Valladolid) e internacionalista (permaneció gran parte del período de dictadura en Berlín, ayudando a Rodolfo Rocker en la A. I. T., y en contacto estrechísimo con Max Nettlau; discípulo, pues, de ambos), propagandista y hombre de organización, teórico excelente y temible polemista, flagelo de los tribunos comunistas. He aquí un esbozo de V. Orobón Fernández: uno de esos fenómenos de corta duración, pero de efectos intensos, una vida breve, pero fecunda (murió de enfermedad, todavía joven —nació con el siglo—, en la primavera de 1936).
Rodolfo Rocker dedica, en su autobiografía, sentidas frases a Orobón:
«Un tiempo después llegó a Berlín otro compañero español, que vivió allí con nosotros algunos años: Valeriano Orobón Fernández. Orobón nació en 1901 en Valladolid, era pues algo más joven que Santillán y, como este, un individuo muy dotado, con disposiciones intelectuales excelentes, que por desgracia no pudieron llegar a su pleno desarrollo porque una muerte prematura puso fin a su vida. Orobón ocupó un puesto en la Escuela Berlitz de Berlín como profesor de español y, en sus horas libres, escribía mucho para nuestros periódicos españoles o hacía trabajos de traducción. Poseía sobre todo excelentes conocimientos lingüísticos y aprendió el alemán en un período de tiempo sorprendentemente breve. Conoció Orobón el movimiento libertario siendo un joven estudiante. Su padre pertenecía al partido socialista, lo que no le impidió confiar a Valeriano y a su hermano Pedro a una escuela libertaría de Valladolid, cuyos métodos de enseñanza se movían en la misma línea aproximadamente que los de la Escuela Moderna fundada por Francisco Ferrer en Barcelona. En estas circunstancias era enteramente natural que los dos hermanos estuviesen después más impresionados por el movimiento anarquista del país, fuertemente desarrollado, que por las concepciones socialistas moderadas del padre. En efecto, Orobón fue atraído muy pronto por el movimiento libertario, al que consagró sus mejores energías hasta la muerte... Fue, en 1927, por un tiempo, a Viena, y yo le había dado una cálida recomendación para Nettlau. Poco después me escribió este último: "El bravo español que me ha enviado es un individuo capaz y excelente. Posee sentido histórico y comprende la continuity of history. Esto le preserva de exageraciones que sólo conducen a sofismas. Pues, finalmente, la creencia en la omnipotencia de la revolución que pretende romper de golpe todas las conexiones con el pasado y crear de la nada algo nuevo, sólo es un creencia mesiánica. Los jacobinos y Napoleón creían realmente en tal posibilidad, pero los anarquistas deberían ser los últimos en compartir esa presentación fantástica". Para perfeccionarse en el idioma inglés aceptó por un año un empleo en la escuela Berlitz de Londres, pero cuando llegó el invierno con sus densas nieblas tuvo que abandonar precipitadamente Inglaterra y regresó a Berlín. Sufría ya de los pulmones y había empeorado su situación... No obstante, la mayor parte de nosotros no sabía nada de lo que le ocurría, pues no se quejaba nunca...»
Al proclamarse la República, Orobón regresó a España y se instaló en Madrid. Allí hizo por si solo gran parte del trabajo proselitista, empezando por atraer a la C. N. T., como simpatizantes, como militantes o como aves de paso, a un grupo de intelectuales. Entre los que permanecieron figuran periodistas y escritores, en su mayoría jóvenes, tales como Cánovas Cervantes (director del diario La Tierra), J. García Pradas, Eduardo de Guzmán y, por algún tiempo, Ramón J. Sender.
Eran aquellos los tiempos del himno « ¡A las barricadas! », de la bandera roja y negra, de la Agrupación de Mujeres Libres, de las Juventudes Libertarias, de la Alianza Revolucionaria, de la revolución comunista libertaria, la mayoría inquietudes o realizaciones de la nueva generación militante del Centro.
Un famoso artículo fue publicado por Orobón en La Tierra, después de las represiones de 1933, después de la derrota electoral de las izquierdas, cuando Largo Caballero hacía sus primeros pinitos de «Lenin Español». En este artículo, Orobón defendía fogosamente, inteligentemente, la Alianza Revolucionaria:
«La represión con que se está diezmando a la C. N. T. es un anticipo vergonzante y vergonzoso hecho al fascismo específico, y una muestra elocuente de cómo los "términos medios" y las ponderaciones teóricas de la democracia burguesa se convierten fácilmente en extremos. A la hora de la lucha, los "demócratas" olvidan su filiación política y forman con arreglo a su formación de clase. Aprendan con este ejemplo los camaradas que, por purismos deleznables, se encastillan en la teoría de “nosaltres so1s”. Para vencer al enemigo que se está acumulando frente al proletariado, es indispensable el bloque granítico de las fuerzas obreras. La facción que vuelva las espaldas a esta necesidad se quedará sola y contraerá una grave responsabilidad ante si misma y ante la Historia. Porque mil veces preferible a la derrota, que el aislamiento nos depararía, inevitablemente, es una victoria proletaria parcial que, sin ser patrimonio exclusivo de ninguna de las tendencias, realice de momento las aspiraciones mínimas coincidentes de todos los elementos pactantes; aspiraciones mínimas que comienzan en la destrucción del capitalismo y la socialización de los medios de producción...»
Este artículo es uno de los documentos más trascendentales de aquella época. La joven C. N. T. del Centro se hizo unánimemente suya su tesis. Los anarcosindicalistas asturianos la pusieron en práctica en octubre de 1934.
En cuanto a las juventudes Libertarías, exportadas a todas las regiones de España, celebraron su primer congreso nacional en Madrid, en 1932. Los principales acuerdos fueron: constituirse como organización peninsular (como había hecho la F. A. I.) y adoptar la denominación de Federación Ibérica de juventudes Libertarias. He aquí parte de la declaración de principios acordada por el congreso:
«...Para estos fines, esta Agrupación luchará contra la propiedad, el principio de autoridad, el Estado, la política y la religión... Contra la propiedad, porque es una injusticia inhumana ... Contra el principio de autoridad, por suponer éste el relajamiento de la personalidad humana... Contra el Estado, porque coarta el libre desenvolvimiento y normal desarrollo de las actividades éticas ( ... ) y defiende la propiedad mediante los cuerpos armados, policía y magistratura... Porque mantiene el ejército y la armada... Contra la política, porque presupone la anulación de la individualidad al entregar la voluntad propia a otra extraña ( ... ) y es el sistema para legitimar los intereses de la propiedad y las leyes para el cuidado y defensa del Estado... Contra las religiones, porque atentan al libre pensamiento del hombre, creándole una jerarquía moral que le predispone a admitir sin protesta toda tiranía y desvirtúan las relaciones sociales por el terror y el fanatismo, negador de la razón y el progreso científico...»
Como la F. A. I. a partir de 1927, la F. I. J. L. no llegó nunca a ser una verdadera federación peninsular, en el sentido de que tampoco consiguieron la incorporación de los jóvenes libertarios lusitanos, como no había logrado la F. A. I. representar realmente a la Federación Anarquista Portuguesa. Ambas organizaciones, intituladas peninsulares, fueron netamente españolas y revolucionarias más que otra cosa.
Casi al nacer las Juventudes Libertarias se manifestaron dos tendencias. Entre los jóvenes libertarios de Cataluña predominaba el criterio adverso a una federación nacional. Estos jóvenes concebían las Juventudes como filiales de los sindicatos y de las federaciones anarquistas. Entendían que su misión se limitaba a tareas de cultura y propaganda, captación y autocapacitación así lo que los grupos y sindicatos, absorbidos por el fragor de la lucha, económica y revolucionaria, no podían atender.
En los propios medios anarquistas y confederales, la idea de una federación nacional de tal carácter, con personalidad orgánica independiente, no solamente se consideraba un peligro desviacionista, sino que avivaba la vieja polémica sobre los inconvenientes de dividir a los militantes en viejos y jóvenes, polémica que realmente enfrentaba a los representantes de la vieja y joven generación, con sus recelos y petulancias.
Aparte de esto, ambas tendencias juveniles manteníanse firmes en sus posiciones. Los jóvenes catalanes motejaban a sus hermanos del Centro de «organizacionitas», y «centralistas», recibiendo, en justa reciprocidad, los epítetos de «catalanistas» y «separatistas». Esta divergencia se acentuó después del 19 de julio.
Por lo que a la F. I. J. L. se refiere, desde los primeros meses de la revolución adoptó en casi todas las regiones de la zona liberada la misma posición colaboracionista que habían ejemplarizado las organizaciones libertarías mayores. Entre la C. N. T. y la F. A. I., la F. I. J. L. iba a remolque de sus decisiones.
Propiamente hablando, las Juventudes Libertarías habían quedado desiertas de sus elementos más activos. Los comités tendían a quedar reducidos a los militantes más indispensables. La inmensa mayoría de los adherentes había sido arrebatada por el ardor del combate, alistándose en las milicias que cubrían los frentes.
Los cuadros militantes a que nos referimos más arriba, reducidos a lo estrictamente indispensable, eran exentos de sus deberes militares. En los primeros meses de la guerra, la exención, cuando era necesaria, la pronunciaban directamente los comités confederales; más tarde tuvo que ser privilegio de las autoridades y se otorgaba a propuesta de los comités políticos y sindicales. Este problema de los exentos creó en todos los organismos de la retaguardia una clase burocrática, que propendía a convertirse en casta.
No obstante, durante aquellos primeros meses de la guerra el alistamiento a las milicias no era riguroso, sino voluntario. El gobierno movilizaba continuamente por decreto, pero tales medidas tenían efectos muy relativos. Los centros oficiales de reclutamiento eran poco concurridos. Los que sentían el deber de marchar al frente ejercían una fuerte coacción moral sobre los indecisos y remisos, lo cual dio excelentes resultados en tanto perduró la virginidad revolucionaria. A pesar de todo, jóvenes y maduros preferían enrolarse en los batallones de voluntarios organizados por el comité de su simpatía.
Esta emigración de jóvenes hacia los frentes favoreció el avasallamiento de los comités juveniles de la retaguardia por las organizaciones mayores. Se explica, pues, que la F. I. J. L. interviniese como organización en muchas de las combinaciones del frente antifascista, ostentando cargos administrativos y gubernamentales. Esta línea colaboracionista condujo a una serie de contactos con otras organizaciones juveniles, y a la participación intensa en aquel frondoso movimiento de pactos de unidad por control remoto de las Juventudes Socialistas Unificadas.
Pero justo es declarar que si la F. I. J. L. no puso apenas resistencia a la psicosis circunstancialista que agobiaba a la C. N. T. y a la F. A. I., no es menos cierto que supo mantenerse inmune, como sus hermanas mayores, al contagio stalinista. Los tesoneros propósitos de las J. S. U. (ellas mismas el más visible ejemplo de contagio stalinista) por formar un gran bloque juvenil que pensaban dominar después mediante la técnica de absorción de los aliados, se estrellaban contra la no menos tesonera resistencia de la F. I. J. L. En sus tratos y pactos con los jóvenes comunistas, los jóvenes libertarios supieron, como vulgarmente se dice, nadar y guardar la ropa; bordeaban el abismo sin resbalar irremediablemente.
Tratemos de ordenar estos hechos lo más cronológicamente posible. El estado de las relaciones entre los jóvenes libertarios de Cataluña y sus hermanos del resto de España resalta de una de las mociones del congreso celebrado por los primeros en Barcelona el 1 de noviembre de 1936. En aquel congreso se puso a discusión «la proposición hecha a las juventudes Libertarias de Cataluña, por el Pleno Nacional de Regionales, para que ingresen en la F. I. J. L.».
La respuesta fue la siguiente: «Sobre la proposición de la F. I. J. L. el congreso, por unanimidad, acuerda su ingreso a la misma, recabando plena autonomía para la Regional Catalana, a fin de poder seguir sus relaciones con la F. A. I.»
Esta adhesión condicionada implica una fidelidad a ultranza a la clásica línea de conducta según la cual los jóvenes libertarios de Cataluña seguían considerándose filiales de la Federación Anarquista Ibérica. Caso paradójico, la F. A. I. correspondía de la peor manera a esta fidelidad amorosa de sus jóvenes aguiluchos, instándoles, coaccionándoles, amenazándoles, a seguir la tortuosa «línea general del movimiento». Defraudados, pues, en su fidelidad, los jóvenes libertarios de Cataluña rindieron culto a otra fidelidad que entendían superior: la defensa a ultranza de lo que llamaban, en términos que habían de hacer fortuna, «principios y tácticas consubstanciales y permanentes», por oposición al «circunstancialismo», otro término suyo que hizo fortuna, réplica a la teoría corriente, según la cual «circunstancias imprevistas e imperiosas» habían impuesto el «sacrificio circunstancial de los principios»
En aquel congreso del 1 de noviembre se puso de relieve entre la mayoría de las delegaciones y los componentes del Comité Regional una profunda discrepancia. La proposición de la F. I. J. L. traslucía el sentir de dicho Comité. La respuesta era la voluntad de la mayoría del congreso. El primero era dócil a las orientaciones generales del movimiento; el segundo insistía en un clasicismo doctrinario intransigente. Había, pues, un cierto divorcio entre el Comité regional y sus representados; entre las Juventudes Libertarias de Cataluña y los comités confederales y anarquistas de la misma región; entre estos mismos jóvenes libertarios y los del resto de España. El conflicto pasó inadvertido, bien que latente, durante todo el resto de 1936. La mayoría de los jóvenes estaba en los frentes y no atendía a otro problema que la guerra. Empezó a rebrotar a medida que iban acumulándose las decepciones políticas, y en la medida también en que la llamada a la disciplina orgánica, por parte de los comités superiores, se hizo más apremiante. Mientras no se plantearon estos problemas los comités de la retaguardia hicieron amplio uso de sus atribuciones.
No es, pues, sorprendente la firma de un pacto, el 17 de aquel mismo mes de noviembre, entre los comités de las juventudes Libertarias de Cataluña y de las juventudes Socialistas Unificadas de la misma región. Dicho pacto era una, especie de suite al que habían firmado en agosto la C. N. T. y la F. A. I. con la U. G. T. y el P. S. U. C.
El contenido del pacto juvenil, igual que el de las organizaciones mayores, era más bien espectacular:
«Comprendiendo que los momentos que atravesamos precisan de la máxima coordinación de esfuerzos ( ... ) se constituye un Comité de Enlace ( ... ) con el fin de que exista de inmediato una estrecha cohesión entre ambas organizaciones, necesaria para ganar pronto la guerra, realizando sobre la marcha la transformación social... Se constituye, además, este Comité de Enlace como primer paso para lograr la estrecha colaboración de toda la juventud antifascista y revolucionaria, cuya base podrá ser ampliada cuando ambas partes lo crean conveniente...»
Completan el documento las consiguientes consignas de la época: representación de todas las tendencias antifascistas en la dirección política y económica, de acuerdo con las fuerzas que representaban; movilización general y rápida para ganar la guerra; preparación técnico-militar de los jóvenes combatientes; disciplina militar, no cuartelaria; creación de una verdadera economía de guerra; limpiar de fascistas los frentes y la retaguardia, etc.
Firmaban el documento, por el Comité Regional de Juventudes Libertarias, Alfredo Martínez, Fidel Miró y Juan Bautista Aso.
Las relaciones entre libertarios y stalinistas eran ya bastante tirantes en aquel mes de noviembre. Los tratos y compromisos empezaban a carecer de sinceridad. Reducíanse más que nada a maniobras de diversión o de propaganda. De todos modos la rotura se produjo pronto.
En marzo de 1937, el Comité Regional de Juventudes de Cataluña organizó un gran mitin al aire libre, en la gran plaza de Cataluña. El objeto era exteriorizar el descontento producido por la pérdida de Málaga. El auditorio se cifraba en cincuenta mil personas. Hablaron diversos oradores jóvenes, del frente y de la retaguardia. Las Juventudes Socialistas Unificadas se negaron a participar en el acto so pretexto de que lo hacían los representantes de la Juventud Comunista Ibérica (Juventudes del P. O. U. M.). Todo lo relacionado con el trotskismo —y era trotskista todo comunista no ortodoxo— empezaba a caer bajo la violenta excomunión stalinista. Las J. S. U. pretendían que los jóvenes rivales fuesen expulsados de la tribuna. La insatisfacción a tan osadas pretensiones produjo la crisis del pacto recién concluido.
Las cosas no iban mejor en el plano juvenil nacional. En febrero de aquel mismo año la F. I. J. L. había celebrado en Valencia un Pleno Nacional de Regionales. Diremos como detalle curioso que se dieron a conocer entonces los afiliados que cada Regional representaba: Andalucía, 7.400; Extremadura, 1.907; Levante, 8.200; Centro, 18.469; Aragón, 12.089, y Cataluña, 34.156. Por causa mayor de la guerra no pudieron estar presentes los jóvenes libertarios de la zona liberada del Norte.
Lo más importante de este Pleno fue que se propuso un Frente Juvenil Revolucionario a todas las organizaciones juveniles antifascistas. Se elaboró el programa de este F. J. R. y en él figuraba esta declaración:
«Consideramos que no es posible llegar a formar el Frente juvenil Revolucionario sin reconocer la transformación social y económica sufrida por el pueblo español desde el 19 de julio. Por tanto, deben comprometerse todos los organismos que ingresen en este frente a encauzar esta transformación social... Ganar la guerra, hacer la revolución, esta es la misión del Frente de la Juventud Revolucionaria...»
Este párrafo era un reto a la turbia política unitaria de las Juventudes stalinistas. En la Conferencia Nacional de las J. S. U., que había tenido lugar un mes antes aproximadamente, su secretario general, Santiago Carrillo, había hecho esta declaración:
«Nosotros luchamos por la República Democrática y no nos avergonzamos de confesarlo... Sí, camaradas, luchamos por una República democrática; mejor dicho, por una República democrática y parlamentaria. No se trata de una estratagema para engañar a la opinión democrática española ni para engañar a la opinión democrática mundial. Luchamos sinceramente por una República democrática porque sabemos que si cometiésemos el error de luchar en estos momentos —incluso por muchos meses después de la victoria— por la revolución socialista, contribuiríamos a la victoria del fascismo...»
A principios del mes de abril los jóvenes stalinistas organizaron en Madrid un aparatoso congreso de la juventud. Invitaron a él a todas las organizaciones juveniles de no importa qué tendencia: libertarías, republicanas, católicas inclusive, atrevimiento sin precedentes. Dos jóvenes libertarios que se hallaban presentes pidieron la palabra. Y al levantarse el primero de ellos a hablar los técnicos de la propaganda hicieron que todo el congreso, como movido por un resorte, se pusiese de pie y aplaudiera. Al mismo tiempo una banda de música interpretaba solemnemente el himno anarquista.
El joven libertario no se dejó impresionar por aquella lluvia de flores de trapo y, sin preámbulos, abordó su discurso:
« ...Mi voz viene a discrepar casi en absoluto de todo lo que aquí se ha manifestado. Aquí os asusta la palabra "revolución". Decía ayer un destacado militante de las J. S. U. que era necesario que se desplazasen algunos hombres a organizar la Juventud de Cataluña... Nosotros pedimos una alianza juvenil con una base sólida, que aquí no se ha querido plantear, sino que se ha dado de lado; una base de alianza que sirva para hoy y para mañana; pero no vemos la posibilidad de llegar a un acuerdo... Se tiene que sacrificar todo, como nosotros hemos hecho con nuestros honrosos principios. En nombre de la Juventud Libertaria he de deciros que el informe de las J. S. U. es totalmente hueco de contenido social y emplazamos a éstas para que presenten unas bases sólidas...»
No se habían repuesto todavía de la decepción que produjo este discurso, cuando a su vez subió a la tribuna el otro joven libertario, quien no menos imperturbable empezó a decir:
«Vine a este congreso creyendo encontrar algo nuevo... Las J. S. U. organizaron en Valencia un congreso en el que trataron a su manera de la situación de la juventud española. También los jóvenes libertarios hemos ido a Valencia y llevamos una posición firme y clara, de auténtico contenido revolucionario... Los jóvenes libertarios quieren una revolución con una ética social. Los jóvenes de las J. S. U. han traído a este congreso las mismas bases aprobadas en Valencia. Había que recoger en pro de la alianza a los combatientes que luchan por el gobierno legítimo “y al lado de éstos incluso a los católicos”, se ha dicho por aquellas juventudes. Y yo pregunto, ¿cómo las J. S. U. pueden llegar a unirse con los católicos cuando siempre llevaron estos la religión para medro personal?... Aquí se ha dicho que se lucha por la República democrática y parlamentaria. Conforme sí es una República en el sentido que defendía Platón; democrática, si democracia significa el gobierno del pueblo por el pueblo. Parlamentaria, de ninguna manera. No podemos estar conformes con el parlamentarismo. Son los sindicatos quienes deben controlar la política y la economía de España...»
Las discrepancias entre las juventudes Libertarias de Cataluña y el Comité Peninsular de la F. I. J. L. se acentuaron después de los sangrientos sucesos de mayo de 1937. Durante aquellos sucesos los comunistas habían asesinado y mutilado terriblemente a 12 jóvenes libertarios que tenían prisioneros. Los cadáveres fueron abandonados en un cementerio. Entre estos infortunados figuraba Alfredo Martínez, miembro del Comité Regional y secretario del Frente de la Juventud Revolucionaria de Cataluña.
El 15 de mayo se celebró un congreso regional extraordinario en Barcelona para determinar la orientación futura de las JJ. LL. y nombrar un nuevo Comité Regional. Las sesiones fueron muy borrascosas pero se hizo claro que una mayoría aplastante de la organización clamaba por la vuelta a las tradiciones libertarias. Esta tendencia clasicista se hizo cargo del nuevo Comité Regional. Para que no hubiese lugar a dudas se elaboró un dictamen que fijaba la nueva orientación, en el que se loaba el «concepto permanente de nuestras ideas» y se condenaba la «apostasía circunstancialista».
Esta insubordinación preocupaba mucho a los prohombres de la C. N. T. - F. A. I., quienes usaron de todos los medios, ni ortodoxos ni persuasivos, para someter a los rebeldes. La F. A. I. se preparaba a pasar oficialmente el Rubicón. En las luchas intestinas de los jóvenes, la C. N. T. - F. A. I., en particular la segunda, era beligerante. La C. N. T. no andaba rezagada. Frente a Ruta, órgano del nuevo Comité Regional, y uno de los pocos periódicos anarquistas de oposición al circunstancialismo, Solidaridad Obrera abría) el 17 de junio, una rúbrica especial «Juventud Revolucionaria», que puso en manos de la fracción juvenil minoritaria que acababa de ser derrotada en el congreso.
En las altas esferas de la C N. T. - F. A. I. se temía que la rebelión de los jóvenes libertarios se extendiese a los grupos anarquistas (lo que ocurrió a partir de julio) y a los sindicatos; de Cataluña a las demás provincias. El Comité Peninsular de la F. J. J. L. reclamaba de los jóvenes insurrectos una sumisión completa, alegando compromisos orgánicos que aquéllos no habían contraido. Los Plenos Nacionales de Regionales se repetían a una cadencia vertiginosa con el objeto aparente de ablandar la resistencia de aquellos a quienes se empezó a llamar «pieles rojas».
El problema de la unidad juvenil era el motivo principal de la tirantez. En virtud de la nueva orientación el Comité Regional de Cataluña había declarado nulos todos los pactos más o menos caducos contraidos por el Comité anterior, incluso los que tuvieron lugar bajo el signo del Frente de la Juventud Revolucionaria. Este pacto afectaba a la Juventud Comunista Ibérica (filial del P. O. U. M.). Los jóvenes libertarios de Cataluña habían presentido que el F. J. R. estaba condenado a muerte a corto plazo por los mismos que le dieron vida. Como se ha visto, el Frente de la Juventud Revolucionaria fue creado por un Pleno Nacional de Regionales de la F. I. J. L. en el mes de febrero de aquel mismo año, frente a la Alianza Juvenil Antifascista que mangoneaban las J. S. U.
Efectivamente, en el terreno de la unidad juvenil habían dos bloques. El creado por las J. S. U. en su conferencia de enero, con republicanos y católicos, y el fundado por la F. I. J. L. el mes siguiente, del que formaban parte la juventudes del P. O. U. M. El primero atravesaba una crisis bastante seria. Algunos miembros de las antiguas juventudes Socialistas afectas a Largo Caballero, empezaban a darse cuenta de la encerrona en que habían caido merced al doble juego de Santiago Carrillo y compañía y empezaban a levantar el grito. Las secciones asturiana y valenciana de las. J. S. U. se declaraban en rebeldía. La crisis tenía origen en intervenciones de los jóvenes libertarios como las que hemos descrito.
Temeroso de este peligro, el estado mayor de las J. S. U. quemó las etapas con vistas a un pacto de unidad juvenil, lo suficientemente hábil para atrapar a la F. I. J. L. Había que salvar los puntos de fricción, los cuales consistían en una declaración «revolucionaría» de la alianza, a mercadear contra la eliminación del P. O. U. M. Los líderes del bloque libertario se manifestaban intratables, al mismo tiempo, con las «juventudes católicas».
Los contactos, sin embargo, persistían. Y quizá fuesen éstos los que tenían a los jóvenes catalanes recelosos. Tanto es así que el 10 de agosto el Comité Peninsular de la F. I. J. L. publicaba un extenso manifiesto, en el que se daba cuenta de la rotura de relaciones en marcha para la Alianza:
«En otras ocasiones nos habíamos negado a participar en un organismo en el que se aglutinan todas las juventudes antifascistas revolucionarias, mientras excluyera a una determinada facción, más o menos numerosa de nuestras juventudes ( ... ) mientras se tendía a dar entrada a organismos juveniles de carácter religioso... Presentados los dos dictámenes, el nuestro y el de la Unión Federal de Estudiantes Hispanos, accedimos después de largos debates a que fuese este último el que sirviese de base de discusión. Con lo que no quisimos ni podemos transigir, porque nos lo veda la dignidad, el decoro y el sentido humanista ( ... ) fue aceptar íntegro el quinto punto de las bases presentadas por la U. F. de E. H., el cual dice lo siguiente: “Y señalar a los trotskistas como agentes del fascismo, enemigos de la unidad del pueblo y de la juventud antifascista, y organizadores del centro de espionaje recientemente descubierto por la policía...”»
No será necesario esforzarse para comprender que la tal Unión Federal de Estudiantes Hispanos no era más que una sucursal mal disimulada de la J. S. U. fabricada ex–profeso. Este mimetismo es moneda corriente en el maniobreo stalinista. Aparte esto, se comprendía también fácilmente que el acuerdo no tardaría en producirse. No seria la primera vez que los libertarios se desembarazaban del «trotskismo» cediendo a «supremas realidades». De hecho los jóvenes del P. O. U. M. habían sido ya sacrificados. Se trataba solamente de evitar el insulto.
Así las cosas, el 10 de septiembre ambas potencias fundían sus ejércitos en la Alianza Juvenil Antifascista (A. J. A.), la primera de cuyas bases proclamaba:
«La Alianza Juvenil Antifascista, reconociendo la transformación política, social y económica operada en nuestro país después del 29 de julio del pasado año, se compromete a consolidar las conquistas revolucionarias.
«Asimismo las organizaciones juveniles trabajaran constantemente por la alianza de las organizaciones sindicales C. N. T. y U. G. T. para ganar la guerra y desarrollar la revolución. Del mismo modo verán con simpatía la unidad de las fuerzas políticas afines para el mismo fin.
«Las Juventudes integrantes de la Alianza se pronuncian en el sentido de que todas las organizaciones políticas y sociales de nuestro pueblo, encuadradas en el marco antifascista, estén representadas en la dirección del mismo, en relación a sus fuerzas e influencia, previa la elaboración de un programa común para facilitar nuestro triunfo sobre el fascismo.»
Siendo «la transformación política» operada un contrapeso aplastante para la «transformación social y económica», al proclamar todo esto, los jóvenes comunistas no hacían ninguna concesión revolucionaria. Propiciar la alianza C. N. T. - U. G. T. cuando esta última organización estaba a punto de caer en manos del Partido Comunista tampoco era ninguna concesión. (El acontecimiento de la stalinización de la U. G. T. se consumó a fines de aquel mismo año.) Finalmente, abrir la puerta del gobierno a la C. N. T., que es el secreto del último apartado, era un compromiso un poco vago, y dependiente del humor del momento decisivo.
La C. N. T. quería gobernar a toda costa. Había tenido la corazonada de seguir a Largo Caballero en su desgracia, y ahora lo lamentaba. Todos los documentos de este período están marcados por el hambre de gobierno de la C. N. T. Hubo inclusive un compromiso con el Partido Comunista que éste burló pérfidamente. El P. C. tenía entonces las llaves de San Pedro y era a él que la C. N. T. mendigaba unas migas de poder. Un periódico controlado por la facción afecta a Caballero comentaba compasivamente ese furor lamentable: «Acertamos cuando a la vista del documento del Buró Político del Partido Comunista dijimos que no se fiara nadie y que todo cuanto perseguía era convertir en juguete suyo a la C. N. T.»
La C. N. T. vacilaba entonces entre dos barajas. Por una parte había revalidado no hacía mucho tiempo unas bases de unidad con la U. G. T. todavía no dominada por los comunistas. Ahora, viendo cercano este dominio, sentía impulsos irreprimibles por pasarse al bando del vencedor. El P. C. veía largo y jugaba seguro. Por una parte estorbaba el pacto C. N. T. - U. G. T.; por la otra, se hacia suya la U. G. T. filtrándose en ella jugaba con la C. N. T. alternando la esperanza con la perfidia. El ingreso de la F. I. J. L. en la A. J. A. no se explica sino teniendo en cuenta estos hechos y el vasallaje que pesaba sobre ella.
De todas maneras hay que proclamar que la A. J. A., que vivió hasta el fin de la guerra en Cataluña, al englobar a los jóvenes libertarios no pudo nunca absorberlos y digerirlos como habían hecho las J. S. U. con los jóvenes socialistas.
Firmadas las bases que acabamos de comentar, el programa preveía una campaña de mitines con el fin de propagar la buena nueva por todas las principales ciudades de la zona leal. La A. J. A., cuya presidencia ostentaba un libertario, se dirigió inmediatamente al Comité Regional de JJ. LL, de Cataluña, solicitándole la organización de uno de estos actos. La respuesta fue negativa. No existiendo en Cataluña sucursal de la A. J. A. no había lugar a la aplicación del acuerdo. La intervención del Comité Peninsular de la F. I. J. L. no tuvo mejor resultado. Los comités superiores de la C. N. T. - F. A. I. se estrellaron igualmente ante la firme actitud de aquellos jóvenes. Finalmente decidieron pasar por encima de su voluntad. Al efecto el mitin fue anunciado en la rúbrica juvenil de Solidaridad Obrera directamente por el C. P. de la F. I. J. L. El Comité Regional de JJ. LL. replicó con otra nota, que publicó otro diario, en la que se advertía enérgicamente que si se realizaba aquel atropello a la autonomía de una organización regional los jóvenes militantes sabotearían la celebración del acto, recurriendo a la violencia si fuere preciso. En vista de esta firme decisión no se habló ya más del asunto.
El Comité Peninsular hizo marcha atrás.
A partir del 10 de octubre celebraron las JJ. LL. de Cataluña un congreso regional extraordinario. Con su celebración se recogía un reto según el cual la orientación «descabellada» de aquellas Juventudes era el resultado de la «dictadura de su Comité Regional». En el orden del día figuraban temas tan significativos como los siguientes: «Discusión del informe enviado por un grupo de militantes contra el Comité Regional». « ¿Deben continuar las JJ. LL. como sección de cultura y propaganda de la F. A. I.? ». «Posición de las JJ. LL. de Cataluña ante la Alianza Juvenil Antifascista». «Nombramiento de nuevo Comité Regional», etc.
Para hacerse una rápida idea de los resultados de este congreso bastará decir que la gestión del Comité Regional fue aprobada por una mayoría aplastante que impresionó al mismo Comité de la F. I. J. L., expresamente invitado a presenciar las deliberaciones. Los miembros del Comité Regional, en su mayor parte, fueron ratificados en sus cargos.
Esta demostración de cohesión en la defensa de unos principios queridos se repitió espectacularmente algunos meses después, durante la celebración del II congreso de la F. I. J. L., en Valencia (del 6 al 13 de febrero de 1938).
Cataluña fue la representación más nutrida, y a su lado formaron bloque compacto las delegaciones de siete brigadas de combatientes, venidas expresamente del frente de Aragón. Dos tendencias, una centralista y otra autonomista, se enfrentaron desde el primer momento. El congreso tuvo que pronunciarse ante un dictamen y un voto particular. Aquél hablaba de subordinación a los intereses supremos basados en realidades crudas; éste mantenía el principio de autonomía basado en el pacto libre. Los autonomistas fueron vencidos. Pero los jóvenes rebeldes no se sometieron nunca. Perdieron algunas posiciones pero se mantuvieron firmes, en una defensa elástica, sin ceder en lo fundamental.
LOS ANARQUISTAS EN LA CRISIS POLÍTICA ESPAÑOLA
José Peirats.
(1976).
JUAN GOMEZ CASAS
Nació en Burdeos en el año 1921, dentro de una familia de emigrantes que retornó a España tras la instauración de la II República. Afiliado desde muy joven a la CNT, organización que frecuentaba desde niño acompañando a su padre, fue en el seno de las Juventudes Libertarias, organización en la que durante su juventud realizó la principal actividad anarquista. En 1938 se incorporó como voluntario a la Brigada Mixta.Terminada la guerra eludió la cárcel por minoría de edad y se entregó a la lucha clandestina contra la Dictadura. En 1947 es nombrado Secretario General de la Juventudes Libertarias, y un año después, a su regreso de un congreso en Toulouse es detenido en Madrid y condenado a 30 años de cárcel. En su domicilio se encontró una imprenta con la que se editaban las revistas "Tierra y Libertad" y "Juventud Libre". Cumplió más de la mitad de la condena, tras fracasar en un intento de fuga en 1956. Aprovechó los años de cárcel para su autoformación y así una vez excarcelado, pudo escribir numerosas obras sobre la Historia Española del Siglo XX, alguna de las cuales como la "Historia de la FAI" y la "Historia del Anarcosindicalismo Español" son hoy consideradas por casi todas las cátedras de Historia, manuales clásicos indispensables para el estudio de la Historia Española reciente. Asimismo era considerado como excelente traductor, siendo su traducción de Moby Dick una de las más recordadas. Innumerables mítines por el Estado español y paises vecinos jalonan su trayectoria cenetista desde la excarcelación.
Tras la muerte de Franco es nombrado primer Secretario Genrela de la CNT, organización de la que presenta los estatutos de legalización de la CNT en 1977.
JULIA ROMERA YAÑEZ (MÚRCIA 1921 - BARCELONA 1941)
Julia Romera nace en el seno de una familia obrera y, además, en plena Guerra Europea. Una época realmente difícil de la historia de Mazarrón. Con anterioridad a esa fecha ya se dejaban sentir en el pueblo los primeros síntomas de una inminente y anunciada crisis económica. En un párrafo de El Heraldo de Mazarrón, del día 4 de abril de 1905, se decía:...nadie, absolutamente nadie se interesa por nosotros y como perspectiva para el porvenir, contamos con la paralización de todos los negocios mineros, con la destrucción de los bolas de pesca por no haberse desviado oportunamente la rambla de las Moreras que los ciega e inunda de fangues minerales, y el esquilmamiento de los escasos campos de labor que aún se trabajan, por falta de agua de riego...
La única solución de subsistencia que le quedó a la población trabajadora de Mazarrón, al igual que la de otras localidades mineras murcianas como Águilas, Cartagena, La Unión, Lorca, etc., fue la emigración masiva hacia otras zonas más industrializadas en busca de ese futuro mejor, que no siempre encontraban.
José Berruezo Silvente, último alcalde de Santa Coloma durante la etapa republicana y pariente de Julia, en un párrafo de sus memorias nos refería así la situación en Mazarrón:
...cuando en junio de 1917 pude obtener el permiso de un mes en la mili para visitar a mis padres, entristecidos por la reciente muerte de mi hermano, ya mayor, encontré un pueblo completamente diferente y cuya juventud había sido barrida por un terrible complejo de circunstancias. La Guerra Europea (1914-1918) había liquidado la infraestructura de explotación de las minas y los obreros habían declarado la huelga general para oponerse a los despidos masivos...
En el otoñó de 1918, a la ya grave situación que atravesaba la clase trabajadora murciana, vino a sumarse una terrible epidemia de gripe. El día 15 de octubre de 1918 fallecía en su domicilio de la calle Argüelles, de Mazarrón, a los treinta años de edad, Francisca Romera Rodríguez, padre de Julia, a consecuencia de una neumonía gripal.
Así transcurrieron tres años hasta que finalmente en 1921, ante la pérdida de empleo por parte de varios miembros de la familia Romera-Rodríguez, ésta decidió emigrar a Santa Coloma, donde ya vivía desde hacía dos años una tía de Julia, llamada Mariana Romera Rodríguez, junto con su esposo Diego Berruezo Clemente y sus hijos. Así, se instalaron primero en la calle Ciudadela Alta. Posteriormente, habitaron una casa en el número 36 de la plaza de la Constitución. La Santa Coloma que conoció Julia a su llegada fue la de un pequeño pueblo, eminentemente agrícola, con una población que no alcanzaba todavía la cifra de 3.000 habitantes, pero que debido a la ola migratoria murciana de ese primer tercio de siglo en sólo diez años su población se situaría en torno a los 13.000 habitantes.
En el año 1930, Julia trabajaba en Pañolerías Baró, S.A. Con la llegada de la República, la CNT, que había permanecido en la clandestinidad a consecuencia de la dictadura de Primo de Rivera, volvió a reorganizarse y abrió un local en la esquina del actual paseo Lorenzo Serra con la avenida de Santa Coloma. Muchos trabajadores y trabajadoras de Pañolerías Baró, entre ellos Julia, se afiliaron al sindicato en esta segunda etapa de la organización obrera en Santa Coloma. Recordemos que la CNT se legalizó por primera vez en esta localidad a finales del año 1922.
LAS JUVENTUDES LIBERTARIAS DE SANTA COLOMA
Paralelamente a los sindicatos y con absoluta independencia actuaron las Juventudes Libertarias, que organizaron la Biblioteca, dieron charlas de orientacion cultural y cursos de enseñanza gratuita a otros jóvenes que ya por su edad no podían asistir a la escuela; también realizaban excursiones y giras campestres, que tenían algunas veces carácter comarcal, reuniéndose entonces una enorme cantidad de gente joven.
Pensamos que en los años 1934-35 ingresó Julia en esta organización. Organizaban conferencias, excursiones, representaciones teatrales, etc. Distribuían la prensa confederal, editaban panfletos y gestionaban las actividades de la Biblioteca. También llegaron a editar una revista llamada Aurora Libre.
Las Juventudes Libertarias colaboraron con los maestros en la Escuela Racionalista que había instalado en la Casa del Pueblo,d ando clases nocturnas a jóvenes que ya no estaban en edad escolar y a adultos después de acabar su jornada laboral.
Julia Romera tuvo su participación más destacada en las Juventudes Libertarias a partir de julio de 1936, fecha en que él se alistó voluntariamente a la Columna Ortiz.
Los que se quedaron en Santa Coloma nombraron a Julia Romera secretari general, cargo que alternó durante el período de guerra con el de tesorera, desarrollando en ambos una eficaz labor. A pesar de la diferencia de edad, la amistad entre Julia Romera y Joan Vicente se fue consolidando día a día. Nosotros pensamos, aunque él lo niega, que además de admiración Vicente sentía por Julia una atracción muy especial, algo así como un cierto amor platónico.
Una vez finalizada la guerra, Julia Romera comento con Joan Vicente la posible marcha al exilio en Francia. Según la revista Agora, Julia pudo quedar con Vicente para marchar a Francia y como le fue imposible contactar con él, se quedó cuidando de su abuela y de tía, sin valorar suficientemente el riesgo que corría ya que ella había desarrollado una importante labor durante los tres años de guerra, no sólo como destacada militante de las Juventudes Libertarias, sino además ayudando a las familias que tenían problemas económicos por tener en el frente a las personas que aportaban el sustento de la casa.
El día 27 de enero de 1939, las tropas del Cuerpo de Ejército Marroquí ocupaban las calles de Santa Coloma, dando así comienzo a una brutal dictadura represora que duraría casi cuarenta años.
LA UJA: RESISTENCIA Y REPRESIÓN
El día dos de junio, después de pasar tres interminables días a merced de la arbitrariedad de aquel grupo de hombres, Julia "quasi sense poder caminar, amb el ventre inflat per les lesions que li havien provocat", fue trasladada al "Teatro Cervantes" de Badalona, donde había habilitado unas dependecias para servir de cárcel de mujeres. Este traslado se produjao para que la detenida prestara declaración ante el juez militar de esa localidad, acto que no tuvo lugar oficialmente hasta el día 31 de octubre del mismo año, según consta en el Sumario.
Julia pasó tres días en las dependencias de la Guardia Civil de Santa Coloma y varios más en la prisión de mujeres de Badalona instalada, en el "Teatro Cervantes". Probablemente, al cumplirse las 72 horas de su detención, por orden del juez militar, la inscribieron, a efectos legales, como presa preventiva de la Prisión Provincial, aunque ella se encontraba en otras dependencias.
Posteriormente Julia estaría en dicha prisión de mujeres de "Les Corts", como se la conocía entonces, hasta la celebración del Consejo de Guerra Sumarísimo y de Urgencia, que tuvo lugar en el Palacio de Justicia de Barcelona el día 2 de enero de 1940. Dos meses antes, concretamente en los primeros días del mes de noviembre del año anterior, todos los detenidos fueron llevados a los calabozos del Palacio de Justicia, pero en esa ocasión fue suspendido el juicio.
Para más información de la UJA consultar el libro de Gramanet del Besós de J. Márquez y J. Gallardo, Grupo de Historia José Berruezo.
EL CONSEJO DE GUERRA
La sección comenzó a primera hora de la mañana con el interrogatorio por parte del fiscal a algunos de los detenidos. A los veinte minutos de comenzar la vista entraron en la sala unos sanitarios escoltados por guardias civiles portando una camilla en la que llevaban a Antonio Fernández Vallet, un joven de 17 años incausado también en el proceso que se encontraba hospitalizado a consecuencia de una grave enfermedad.
Curiosamente el defensor de los procesados invirtió casi todo su tiempo en reprochar a los guardias civiles que detuvieron a los jóvenes su poca diligencia, porque consideraba que hubiese sido más positivo haber infiltrado algún agente en la UJA en lugar de detenerlos tan rápido. Con una defensa como esa no era de extrañar que la sentencia recogiera cinco penas de muerte, ocho penas de reclusión perpetua, dos penas de 20 años, cuatro penas de 15 años, dos penas de 6 años y tres absoluciones a los que no tenían todavía 16 años, aunque fueron puestos a disposición del Tribunal Tutelar de Menores.
La petición fiscal par aJulia era de pena de muerte, siendo condenada por el Tribunal Militar a reclusión perpetua. La sentencia pronunciada el mismo día del juicio fue ratificada y declarada Firme y ejecutoria por el auditor de Guerra el día 7 de marzo de 1940.
LES CORTS: PRISIÓN Y MUERTE
Cuando Julia ingresó en prisión el centro penitenciario de "Les Corts" contaba con un censo de 1.400 reclusas. Ella compartió celda con Conxita Vives y la actriz Maruja Tomás, durante gran parte de su estancia en la cárcel. Compartían entre todas la poca comida que les traían sus familiares y amigos. Durante este tiempo recibió las visitas y el aliento de su tía Concepción y de su primo José. También la visitaron en alguna ocasión algunas amigas y amigos, entre ellos Joan Vicente, a su regreso de Francia a mediados de 1941.
En una de las cartas que escribe en la cárcel la reproducimos a continuación:
"Te quejas y tachas de excesivamente dura mi carta para contigo, quizás sea así, pero no te extrañe al así hablarte ya que túasabes mi manera de ser y digo las cosas y las llamo al desnudo tal y como mi corazón me lo dicta, ya sé que mi manera de ser me costará sufrir y llevar muchos desengaños, pero que haremos soy así y nada ni nadie me podrá cambiar, soy una chiquilla que no tolero las hipocresías ni convencionalismos de la sociedad, eso es todo, pero en el fondo no soy mala.
A finales del verano de 1941, tras varios procesos febriles, el médico de la prisión le detectó el bacilo de Koch que le afectaba ya varios órganos vitales. Esta grave enfermedad, desarrollada a partir de las lesiones internas producidas por los golpes recibidos en los interrogatoris y durante su encarcelación, necesitaba para su curación de reposo, buena alimentación, administración de antibióticos y otros cuidados que, por supuesto, Julia no recibió. Fue ingresada en la enfermería de la cárcel cuando la gravedad de su mal era ya irreversible. Como indica Josep M. Solé, el 35'5% de las muertes producidas en las cárceles de Barcelona el diagnóstico era tuberculosis.
El sábado 6 de septiembre a las veintidós horas fallecía en esas mismas dependencias después de haber rehusado los "auxilios espirituales" que le ofrecía el sacerdote de la cárcel. Las compañera de Julia recaudaron entre todas las press algo de dinero para que pudiera tener un entierro digno, como ella se merecía.
A MODO DE EPÍLOGO
A lo largo de estas páginas se ha pretendido, de una forma divulgativa si se quiere pero sin renunciar en ningún momento al rigor documental, presentar algunos aspectos inéditos de la vida de una extraordinaria mujer que lo dio todo en a lucha por una sociedad mejor.
El 18 de octubre de 1998, el Ayuntamiento de Santa Coloma rendía un merecido homenaje a Celestía Boada, alcalde de la ciudad entre los años 1936 a 1938. Se honraba así la memoria de un hombre honesto y comprometido con su tiempo, que perdió la vida a consecuencia de la intransigencia fascista.
Nos parece una acción loable por parte del Consistorio colomense, Sin embargo, pensamos que quedan algunas asignaturas pendientes. Una por ejemplo es el caso de José Berruezo, el último alcalde la República. Otra, el que presentamos aquí, el de Julia Romera Yáñez.
A lo largo de la historia son contadas las veces que se han rendido homenaje a una mujer. Y, concretamente en Santa Coloma, no recordamos ningún caso. Pensamos que ahora puede ser un buen momento y una buena ocasión. Pronto se cumplirá el setenta aniversario de la muerte de Julia Romera, una luchadora por la libertad, la democracia y por esa sociedad más justa, más bella, más humana... que soñara Teresa Claramunt, cuya figura encarna el dolor de todas aquellas mujeres anónimas que lucharon y sufrieron por una sociedad mujer. Ya es hora que se acabe de una vez con la muerte civil de esta mujer.
Especial "Granado y Delgado"
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Granado y Delgado, un crimen legal
Editado por la Secretaría de Formación del Comité Confederal de la CGT
64 páginas con 10 imágenes Incluye Voto Particular sobre la sentencia Precio: 1 € Pedidos a sp-formacion@cgt.es
Prólogo
La Confederación General del Trabajo, en su actuación de recuperación de la memoria libertaria, está reivindicando la rehabilitación de los anarquistas Francisco Granado y Joaquín Delgado como víctimas del franquismo; ha organizado una exposición que recorrió todo el país, apoyado las iniciativas del Grupo pro revisión del proceso Granado – Delgado, prestado asesoramiento jurídico, así como ha dado aliento a las familias de los compañeros, desde la presentación del Grupo en Madrid, el 25 de mayo de 1999, en el Club Internacional de Prensa. El caso Granado–Delgado es un triste ejemplo, de uno de los muchos, ¡demasiados ya! procesos ilegales que ejecutó el franquismo para masacrar a la clase obrera y reprimir cualquier conato de oposición a su régimen de terror.
La vergonzosa amnesia histórica oficial sobre los crímenes de la dictadura propiciada por la Transición, realizada sin la deseada ruptura con el franquismo, trajo como consecuencia que en las estructuras del Estado continuaran las mismas fuerzas reaccionarias del régimen anterior. La Transición se cerró en falso, no se pagó la deuda contraída con las víctimas de la represión y con el proyecto conocido popularmente como Ley de Memoria Histórica1 y se quiere cerrar en falso también, el proceso imparable de recuperación de la memoria colectiva. Porque no fue una guerra fraticida, fue una guerra provocada por un golpe militar fascista, fue la lucha entre dos concepciones, fascismo y democracia. Es necesario que las futuras generaciones conozcan las aberraciones del fascismo español, las desapariciones y los raptos de niños, hijos de republicanos y otras barbaridades tan sangrantes como los casos que tanto nos horrorizan en Argentina, Chile y Paraguay..., que ya se dieron durante la dictadura de Franco.
La guerra civil, la represión franquista y la recuperación de la memoria histórica, siguen generando interés entre la ciudadanía. ¿Cómo es posible, nos preguntamos muchos, que los crímenes del franquismo sigan impunes y que a sus autores no se les haya pedido responsabilidades? ¿Que siga pendiente la rehabilitación e indemnización de todas las víctimas del franquismo? Los perdederos de la guerra civil han sido los parias de la desmemoria de este país, los más olvidados de todos los olvidados, los más vencidos de los infi nitos vencidos. Darles nombre, recordarlos, desearles que la tierra les sea leve, no es un acto de venganza es un acto de justicia, es un derecho elemental de quienes los añoraron día tras día para cicatrizar las heridas de las víctimas y sus familiares.
Y que finalmente el Gobierno ha bautizado con el título de Proyecto de ley por la que se reconocen y amplían derechos y se establecen medidas en favor de quienes padecieron persecución o violencia durante la guerra civil y la dictadura.
Índice:
Prólogo: Granado y Delgado, un crimen legal El Tribunal Supremo cierra el paso a la revisión judicial de la memoria histórica Contra el olvido y la injusticia Palabras previas La “Transición” Y la Amnesia Histórica La Recuperación de la Memoria Resumen histórico del Grupo pro revisión del proceso Granado-Delgado Posición de CGT ante la Ley de Memoria Histórica Voto particular
Tomas Ibanez.
TOMAS IBAÑEZ: LOS DIVERSOS PORQUES DE LA “A” (ANARQUISMOS /
ANARQUIAS)
Tomas Ibáñez (Zaragoza 1944) es un conocido militante libertario que inicio su
andadura política en Francia dentro de los grupos juveniles anarquistas franceses y
de jóvenes exiliados españoles.
La entrevista que hoy le hemos planteado está centrada básicamente en la
peripecia militante que protagonizó en dichas organizaciones libertarias tanto en
Francia como en España desde principios de los años 1960 hasta los inicios de
1980.
ANARQUIAS)
Tomas Ibáñez (Zaragoza 1944) es un conocido militante libertario que inicio su
andadura política en Francia dentro de los grupos juveniles anarquistas franceses y
de jóvenes exiliados españoles.
La entrevista que hoy le hemos planteado está centrada básicamente en la
peripecia militante que protagonizó en dichas organizaciones libertarias tanto en
Francia como en España desde principios de los años 1960 hasta los inicios de
1980.
De este “viaje simbólico” vamos a escoger tres momentos históricos, que si bien no pueden separarse abruptamente, si es recomendable analizarlos por separado para una mejor comprensión de los mismos.
Estos tres momentos estarían relacionados con su actividad en los grupos anarquistas franceses desde principios de 1960, también con su militancia en grupos libertarios que luchaban contra la dictadura franquista y por último nos centraríamos en su militancia en el estado español durante la reconstrucción de la CNT en el año 1976.
Junto a esta intensa actividad social y política de talante libertario, Tomas Ibáñez es también conocido por sus numerosos trabajos de investigación en psicología social, especialidad de la que fue Catedrático en la Universitat Autonoma de Barcelona hasta fechas muy recientes.
Asimismo Tomas Ibáñez es un gran agitador cultural, siendo iniciador y colaborador de la revista “Archipiélago”, una publicación referente en el campo de la difusión de una cultura critica con todas las formas de poder, tanto de las que existen, como de las que se avecinan.
Últimamente Tomas Ibáñez, nos ha ofrecido buena parte de su ideario en formato libro. Por orden cronológico citaremos aquellos libros que han aparecido recientemente y que podéis consultar o encontrar en las librerias. El primero de ellos es un ensayo titulado “Municiones para disidentes” (Realidad- Verdad-Política) (Gedisa, 2001). Este libro es probablemente la obra más “arriesgada” del autor, o dicho de otra manera en ella se intenta fundamentar tanto un proyecto de filosofía, como un proyecto político liberador y critico contra la lógica dominante del capital y de sus terribles dispositivos para generas maquinas de “verdad”.
El segundo libro, lleva por titulo “Contra la Dominación” (Gedisa, 2005), estando configurado como dos partes diferenciadas. La primera parte se plantea una apuesta decidida por el “relativismo” (de todas las verdades que se presentan como inalterables), así como un intento razonado de explicar los diversos “relativismos” y sus constantes filosóficas.
La segunda parte nos adentra en diversos filósofos contemporáneos, que si bien distintos en sus recorridos intelectuales, tienen según el autor un hilo común en la “exigencia de libertad” en relación a todas las formas de dominación existentes. De este forma podemos conocer (fragmentariamente, como nos dice el autor) los recorridos teóricos de pensadores tan sugerentes como son Cornelius Castoriadis, Michel Foucault, Richard Rorty y Michel Serres.
Por último el tercer libro titulado, “¿Por que “A”? Fragmentos dispersos para un anarquismo sin dogmas” (Antrophos, 2006), nos lleva a una “historización” de las preocupaciones que el militante anarquista, Tomas Ibáñez ha ido desarrollando a lo largo de más de cuarenta años de militancia libertaria. Su primer articulo aparecido en Francia se publicó en 1962 (“Pourquoi jai choisi lAnarchie”) y los últimos tienen fechas muy recientes (¿Es actual el anarquismo?) fechado en 2002 o por fin el aparecido en 2005, “Nacida en París y potenciada en Milán, miles de manos la crearon en las calles del mundo...” que es una descripción de los orígenes del de los anarquistas (la A dentro de un circulo) y de la que Tomas Ibáñez es uno de sus creadores.
Una vez descrita, brevemente su actividad intelectual y militante pasamos pues a la entrevista...
ANTES DE MAYO 1968
P) Tomando como base tu reciente libro publicado hace pocos meses “¿Por qué “A”? (Anthropos), nos encontramos con uno de tus primeros escritos, hace ya bastantes años concretamente del año 1964 titulado “Perspectives anarchistes”. La primera pregunta, muy simple pero necesaria, estaría relacionada con el proceso de formación que te lleva a la militancia política y social en general.
R) Más que de un proceso de formación quizás convenga hablar simplemente de las influencias ejercidas por las propias circunstancias de la vida. Cuando eres hijo de una madre soltera que se deja la piel trabajando como "empleada de hogar" para sacarte adelante en un país extranjero no es extraño que se agudice tu sensibilidad frente a las injusticias y a las desigualdades sociales y que se vaya despertando el confuso deseo de hacer algo para transformar las cosas. Si resulta, además, que las palabras "revolución", "libertad", "colectivizaciones", "franquismo", "dictadura"
resuenan con alguna frecuencia en las conversaciones que mantienen los adultos de tu entorno es bastante comprensible que el camino que te lleva a asumir cierto compromiso socio-político se vaya dibujando poco a `poco y vaya orientando tus pasos con aparente "naturalidad".
P) Una derivación de la misma sería aquella en la que ya te empiezas a identificar como integrante de una corriente de pensamiento libertaria y/o anarquista en un momento en el que no parece, a tenor del artículo señalado, que el anarquismo “gozara” de buena prensa en el vaivén intelectual de las izquierdas francesas.
R) No es que el anarquismo no gozara de buena prensa es que no gozaba de prensa alguna. El anarquismo, simplemente no existía para la izquierda francesa, salvo como pura curiosidad histórica. No hay que olvidar que a finales de los años cincuenta y principios de los sesenta el marxismo ejercía un dominio hegemónico sobre la izquierda gala expulsando hacia la esfera de la nada a cualquier otra opción anticapitalista. De hecho el movimiento anarquista francés era en esos años prácticamente testimonial, así por ejemplo en una ciudad de la importancia de Marsella, la segunda después de Paris, había tan solo un grupo anarquista, y este no contaba ni con media docena de miembros. Sin embargo las referencias al anarquismo sí estaban fuertemente presentes en el exilio español al que yo pertenecía por vinculación familiar y fue con autentico entusiasmo como respondí en 1960, cuando tenía 16 años, a la iniciativa de crear un grupo de jóvenes libertarios en Marsella. Ni que decir que la mayor parte de los jóvenes que
fundamos ese grupo vinculado a las juventudes libertarias francesas éramos hijos e hijas de libertarios españoles refugiados en Francia.
P) A grandes rasgos, cuales serían los elementos de conexión y a su vez los de conflicto de los diversos grupos libertarios en la Francia inmediatamente anterior al Mayo de 1968.
R).Existían dos grandes tendencias que se subdividían a su vez en una pluralidad de matices. Esas dos grandes tendencias agrupaban por una parte a quienes ponían el énfasis sobre la lucha social y sobre la dimensión revolucionaria del anarquismo, y por otra parte a quienes privilegiaban la dimensión existencial del anarquismo considerándolo sobre todo como una forma de vida, como una ética y como una exigencia de libertad. A groso modo se trataba de la clásica tensión entre el anarquismo social del comunismo libertario y el anarquismo más individualista del antiautoritarismo radical. Pero claro, a partir de estos dos ingredientes básicos las combinaciones son infinitas y si añadimos a esta diversidad potencial el efecto de
los personalismos y de las discrepancias circunstanciales entenderemos que la impresión dominante que producía el anarquismo militante en los albores del 68 era la de unaextraordinaria fragmentación. Ahora bien, desde principios de 1964 se habían lanzado en Paris varias iniciativas que propiciaron los contactos y la colaboración entre los jóvenes anarquistas de los diversos grupos y tendencias posibilitando no solo cierto crecimiento del movimiento anarquista sino también una mayor conexión interna, aunque también favoreció el choque entre parte de la nueva militancia anarquista y parte de la militancia más veterana, creando una suerte de conflicto generacional.
P) Parece que una de las iniciativas para propiciar una mayor interconexión entre los jóvenes anarquistas consistió en proponerles el uso de un símbolo que fuese común para todos los grupos, así es como nació la famosa "A-en-un-circulo", ¿No?
R. Efectivamente. La idea era que todas las manifestaciones públicas de los diversos grupos anarquistas incluyesen un símbolo común para crear la impresión de que existía un movimiento muy amplio pese a su evidente fragmentación. Tras debatir sobre cual podría ser ese símbolo se nos ocurrió la idea de una "A-en-un- circulo" y en el número 48 de nuestro "Buletin des Jeunes Libertaires", publicado en abril de 1964, lanzamos nuestra propuesta. Unos meses más tarde la "A-en-un- circulo" volvió a salir, por iniciativa de Salvador Gurrucharri, en el título de uno de
mis artículos publicados en el periódico de la FIJL "Action Libertaire". La verdad es que esta propuesta no tuvo mucho éxito hasta que, después de celebrar en 1966 en Paris el primer encuentro europeo de jóvenes anarquistas, fue retomada y popularizada por los jóvenes libertarios de Milán.
P) Tu conexión con los grupos de estudiantes libertarios franceses es evidente durante esta época universitaria. Asimismo también existe por tu parte una fuerte relación con los grupos libertarios españoles exiliados que luchan contra el franquismo (caso de la CNT, FIJL, Maquis, etc). Como podrías explicarnos esta relación, tanto en lo personal como en lo colectivo, ante objetivos sociales y políticos en principio distintos, si bien complementarios.
R) En lo personal la relación es bien simple, me movía básicamente en el ámbito anarquista francés, Marsella en un primer momento y Paris a partir del 63, pero la vinculación con la FIJL existía desde el principio y es así por ejemplo como me sobrecoge la noticia de la ejecución de Granados y Delgado cuando estoy participando en la anual concentración veraniega organizada por la FIJL en agosto de 1963. Inmediatamente después de esa concentración, y viviendo ya en Paris, buena parte de mis esfuerzos se van a volcar en estrechar las relaciones entre los
jóvenes anarquistas franceses y la FIJL en un momento donde esta, victima de una fuerte represión por parte de las autoridades galas, necesita el respaldo francés de forma vital. Mi colaboración con la FIJL se hará cada vez más estrecha hasta entrar a formar parte de su Comisión de Relaciones en enero de 1966 (hasta 1969). En lo colectivo, la relación también es bastante obvia, esta claro que la solidaridad con la lucha libertaría contra el franquismo figura en la agenda de todos los grupos anarquistas, pero la línea de acción directa emprendida por la FIJL, y el enfrentamiento de esta organización con las estructuras burocratizadas de la CNT y
de la FAI en el exilio constituyen dos elementos que se aúnan para suscitar las simpatías de los sectores más jóvenes y más emprendedores del anarquismo francés. Estos sectores se volcaran, junto con la FIJL y con los jóvenes libertarios de Milán, en la dinamización de la juventud anarquista europea.
P) Como podrías caracterizar en sus ideas-fuerza el nuevo discurso libertario que se va produciendo en el inminente pre-mayo de 1968. Cual fue la influencia intelectual de algunos grupos que sin venir de un “anarquismo ortodoxo”, (Situacionismo, “Socialismo o Barbarie”)
mantenían un discurso antiautoritario innegable.
R) Es incuestionable que en los dos o tres años que preceden a mayo del 68 el anarquismo francés va cobrando una nueva vitalidad con la incorporación de una serie de jóvenes, estudiantes en buena parte pero no solo, que se caracterizan por desarrollar un fuerte sentimiento crítico contra todo lo que esta institucionalizado, incluso en el seno del propio movimiento anarquista. La voluntad de renovación es manifiesta, el tono de provocación y de irreverencia se cultiva tanto de cara a las instituciones sociales como hacia adentro de las organizaciones anarquistas, lo que conducirá a una serie de enfrentamientos que culminarán en el congreso anarquista internacional celebrado en Italia después de mayo del 68. La provocación, la exacerbación del espíritu crítico, la irreverencia, el rechazo de lo heredado, la incitación a la innovación y a la creación radical, son algunos de los aspectos que trazan cierta conexión entre el nuevo discurso libertario y las experiencias situacionistas o socialbarbaras, pero más allá de este aire de familia la verdad es que el encapsulamiento, la cerrazón sobre si mismos de los diversos colectivos (situs, social-bárbaros y anarcos) limitó la influencia al ámbito de las lecturas y de
alguna relación puntual.
P) Por cierto, como fue la relación con aquellos grupos que hemos llamado del “anarquismo ortodoxo” y más concretamente con los representantes de la CNT del exilio, con sede en Toulouse.
R) Conflictiva, claro. Buena parte de la juventud anarquista europea apoyó a la FIJL en su pugna contra el sector "ortodoxo" y este sector cometió errores de tal magnitud que no fue difícil decantar a su favor la opinión anarquista pese a la influencia que aun tenía la FAI en las Federaciones Anarquistas de los diversos países de Europa. Por ejemplo la condena hecha desde el Secretariado Intercontinental de la CNT en el exilio del secuestro de Monseñor Ussía en abril de 1966 llevado a cabo desde la FIJL por el "grupo 1ero de Mayo" consiguió que la totalidad de los grupos y organizaciones anarquistas de la región parisina (con excepción de la FAI, claro…) salieran con virulencia al paso de esa condena exigiendo a Toulouse una rectificación inmediata.
DURANTE MAYO 1968
P) Hoy es fácil enumerar, que no analizar, a “grosso modo” aquello que hemos venido en llamar los acontecimientos de mayo de 1968 en diversos países del mundo. Sin embargo, y sin un “plan” concreto previo que los pudiera definir (en un sentido de anticipación y objetivación de lo que
podría ocurrir...), desde tu experiencia personal era previsible una contestación de tanta intensidad y fuerza, tanto en sociedades del capitalismo consumista, como en algún régimen del “socialismo real” (caso de Checoslovaquia).
R) Pues no, claro, ni era previsible ni nadie la previó…Sin duda se daba un conjunto de muy diversas circunstancias que hacían posible esa enorme contestación y sobre las cuales podemos especular a posteriori. El hecho de que existían las circunstancias que hacían posible los acontecimientos de mayo es innegable puesto que esos acontecimientos se dieron efectivamente, pero no basta con que algo sea posible para que acontezca y es razonable afirmar que junto con determinadas circunstancias posibilitadoras también se dieron series de acontecimientos y de
circunstancias puramente casuales que de no haberse dado en la forma imprevisible en que se dieron hubiesen apagado el incendio de mayo antes de que este se iniciara.
P) Como explicarías y analizarías el inicio y desarrollo “del mayo francés”, tanto desde la vivencia personal, como desde la reflexión política y militante. Cuales fueron las claves de esa gran creatividad colectiva, que ya ha quedado inmortalizada ejemplarmente en la multitud de “graffittis” que conjugan la critica más profunda hacia cualquier forma de poder y dominio, con un nuevo lenguaje mordaz e irreverente hacia el “establishment” político y económico.
R). Dejaremos de lado "la vivencia personal" porque fue tan intensa y tan profunda que me faltaría espacio para relatarla aquí. Creo que hay que buscar las claves de esa gran creatividad colectiva en un concurso de circunstancias aparentemente secundarias y coyunturales que se fueron potenciando mutuamente hasta configurar el resultado que se consiguió. Por una parte los errores cometidos por las autoridades en "el control" de la situación hicieron que se crearan y subsistieran durante largos días y hasta semanas en algunos casos, enormes "espacios liberados" de donde el poder instituido estaba totalmente ausente. Ese vacío de poder quedó ocupado por una serie de prácticas que se desenvolvían desde la creatividad de la gente y que al ejercerse libremente engendraban nuevas apetencias de libertad y nuevas prácticas de libertad. Por otra parte el hecho que desde sus inicios, y a través del papel de Cohn Bendit y del grupo de Nanterre, la referencia al anarquismo haya estado presente en los acontecimientos de mayo
contribuyo a orientar el imaginario y las practicas del movimiento en unas direcciones que apelaban a la creatividad y a la libertad más que a la repetición y a la disciplina. En tercer lugar el carácter asambleario de los colectivos que iniciaron mayo del 68 fortaleció un modo de funcionamiento que contravenía de entrada a los funcionamientos jerarquizados y a la simple transmisión de consignas, obligando a discutir y a "crear" colectivamente argumentos o propuestas. Por fin, aunque aun podríamos alargar esta lista, el hecho de que desde los primeros enfrentamientos violentos del 3 de Mayo las estructuras militantes de todas las organizaciones estudiantiles se vieran desbordadas tanto por "las" militantes (en efecto, como las chicas quedaban excluidas de los Servicios de Orden, estas escaparon a la detención masiva en el patio de la Sorbonne), como por "las bases", y por los "inorganizados" también contribuyó a debilitar el peso de las estructuras y a dar la voz a la creatividad colectiva. Ninguno de los aspectos que acabo de mencionar tiene por si mismo un peso determinante, ninguno de ellos resulta tampoco de supuestas condiciones necesarias, pero puede que mayo del 68 hubiese tenido otras características, o hubiese abortado de inmediato, si las fuerzas represivas no hubiesen dejado ocupar la Sorbonne, o el Odeon, o si Cohn Bendit hubiese sido trotskista en lugar de anarquista.
DESPUÉS DE MAYO DE 1968
P) Aunque resulta evidente, las diversas “revoluciones” de los múltiples mayos de 1968 no vencieron. Sin embargo si que dejaron paso a una cultura de contestación y crítica al capitalismo, ya no solo en su formulación económica sino también en sus aspectos vivénciales. ¿Cómo valoras dichos efectos y si los mismos nos pueden servir como anticipación de una critica “total” a los mecanismos de dominio que el capitalismo sigue generando actualmente?
R) No me cabe la menor duda de que mayo del 68 marca un antes y un después. Es muchísimo lo que después de mayo del 68 ya no se puede plantear como se hacía antes, y son muchas las circunstancias actuales que se fraguan a partir de las semillas del 68, o sea, los efectos de mayo aún se dejan sentir plenamente hoy en día. Salvo excepciones, las prácticas antagónicas anteriores a mayo del 68 se alimentaban en los discursos emancipadores del siglo 19 y encajaban en las coordenadas de la sociedad industrial de finales del siglo 19 hasta la segunda mitad
del siglo 20. Mayo del 68 trastoca la relación con los discursos del 19 y comienza a dibujar un encaje en las coordenadas de lo que algunos han llamado la sociedad post industrial. El efecto renovador de mayo es incuestionable pero resulta mucho más difícil calibrar en que medida las formulaciones que se gestan a partir de mayo son desestabilizadoras para las formas actuales de la dominación, o, simplemente, adecuan el antagonismo social a lo que requieren esas nuevas formas. Probablemente se den ambos fenómenos, simultáneamente y de forma
contradictoria, pero no me atrevería a decir mucho más…
P) Como siguieron “viviendo” las diversas corrientes anarquistas después de mayo del 1968 en Francia. Como fue la resaca, si es que la hubo...
R) La resaca fue sin duda considerable y se manifestó de diversas formas, algunos no soportaron la idea de volver a vivir como "antes" y dejaron simplemente de vivir (suicidios y accidentes buscados…), otros se fueron a vivir en unas comunidades que, en su mayoría, fueron bastante efímeras, muchos cultivaron febrilmente la fantasía de reeditar mayo del 68 viendo en cada lucha la señal de que otro mayo era posible, pero las diversas corrientes anarquistas siguieron más o menos como antes del 68, eso sí con bastantes más militantes que antes y en un entorno donde las referencias al anarquismo eran ahora bastante más frecuentes. Pero quizás la
principal diferencia fue que parte de la sensibilidad libertaria y de los planteamientos anarquistas pasaron a impregnar poco a poco las concepciones y las prácticas de sectores bastante amplios de la sociedad con independencia de cualquier referencia explicita o directa al propio anarquismo.
P) Adentrándonos ahora en la lucha contra la dictadura franquista, la FIJL siguió desarrollando una actividad importante desde Francia. ¿Cuáles fueron las acciones a destacar y la filosofía que las impregnaba?
R). Permíteme que te corrija porque mayo del 68 marcó prácticamente el final de la FIJL y de sus acciones. Con la ilusión despertada por la creación del DI la FIJL desarrolló una intensa actividad de acciones directas en 1962 y hasta agosto de 1963. Tras la disolución formal del DI en 1965 (organismo que se había vuelto inoperante desde hacía más de un año) la FIJL reemprendió su línea de acción directa a principios de 1966 (secuestro de Monseñor Ussía a finales de abril), y la mantuvo hasta principios de 1968, pero mayo del 68 agravó las tensiones internas de la organización juvenil y esta se fue debilitando y apagando muy rápidamente.
De hecho no se lleva a cabo ninguna acción en 1969 y los últimos coletazos concluyen definitivamente en 1970. Las acciones que vendrían después surgirían de otros entornos (MIL, etc.) y cuando en algunas de ellas participarían antiguos miembros de la FIJL como fue el caso del secuestro del Banquero Suárez en 1974, sería sin el aval de una organización que, en la práctica, había dejado de existir.
P) Una vez muerto el dictador, algunos regresasteis a vuestro “país de origen”. ¿Cuáles fueron las sensaciones personales y como continuaste tu militancia libertaria en nuestro país?
R) Mi "regreso" fue en el verano de 1973, pero durante los dos años que aún transcurrieron antes de la muerte de Franco debo reconocer que mi militancia estuvo marcada por una enorme prudencia y fue prácticamente inexistente. Por una parte algunos percances que había tenido anteriormente con la BPS indicaban que me tenían perfectamente fichado, y por otra parte tenía que "integrarme" en España lo cual más que buscar un trabajo que encontré de inmediato me suponía, por ejemplo, aprender a dar clases en la Universidad en una lengua, el castellano,
que no dominaba en absoluto.
P) Uno de los elementos de “cohesión” de las diversas organizaciones libertarias y antiautoritarias en el estado español, tras la muerte del dictador, fue la reconstrucción de la CNT en febrero de 1976.¿Cómo fueron los primeros debates, así como tus primeras impresiones ante un proceso que por lo menos hemos de calificar de “complejo” en su gestación?
R) Participé del entusiasmo general que despertó entre los libertarios y sectores afines la reconstrucción de la CNT, volcándome intensamente en las actividades de mi sindicato y en la vida orgánica de la CNT de Catalunya. En esos momentos, todo parecía posible y experimentaba el sentimiento de que era un ser privilegiado por haber tenido la suerte de vivir de lleno dos eventos capitales para el movimiento libertario, mayo del 68 por una parte y la efervescencia libertaria de la transición por otra parte. Si exceptuamos al sector de la FAI vinculado a Toulouse, se daba la circunstancia de que mantenía fuertes lazos de amistad con compañeros
significados ubicados en todos los demás sectores y esto me incitaba a pensar que las diferencias entre ellos no podían ser tan insalvables como para conducir la organización hacia su desintegración.
Esta bien claro que me equivocaba por completo, aunque tardé bastante tiempo en darme cuenta que la situación no tenía ninguna salida satisfactoria.
P) Tú empezaste a militar en el sindicato de enseñanza de la CNT en 1976, un sindicato que además de agrupar a los diversos trabajadores de la enseñanza en sus reivindicaciones laborales, también agrupaba a estudiantes e intentaba plantear soluciones “radicales” a la transmisión de
conocimientos así como una critica a la enseñanza como mercancía de prestigio social.
¿Explícanos como fueron esos momentos en los que la CNT era un continente con un fuerte respaldo sindical y social?
R) Hasta donde alcanzan mis recuerdos los debates y las actividades de mi sindicato eran básicamente de dos tipos. De tipo ideológico por una parte, en tanto que se centraban en la crítica libertaría a la pedagogía y a al sistema educativo establecidos, o en las posturas a tomar frente a los acontecimientos políticos, tales como las elecciones, los pactos de la Moncloa etc. De tipo orgánico por otra parte, centrados en las posturas y ponencias a debatir en los diversos, y constantes, comicios de CNT. Esto significa que dedicábamos muy poca actividad a lo que
serían las cuestiones más propiamente sindicales y reivindicativas, pero esto no se debía a la presencia, finalmente bastante escasa, de estudiantes sino al hecho de que la afiliación no se había producido sobre una base sindicalista sino principalmente a partir de una adhesión ideológica.
P) ¿Cuales crees que fueron las causas del resquebrajamiento de la CNT como organización abierta a la pluralidad antiautoritaria y libertaria en su campo sindical y social a finales de 1979?
R) La CNT se construyó a través de determinadas luchas y dentro de un contexto histórico particular, fue fruto de esas luchas y de ese contexto, no era posible "transplantarla" a otro contexto histórico configurado por otras coordenadas y por otras luchas. Dicho con otras palabras, la pretensión de "reconstruir" la CNT era insensata y estaba abocada al fracaso. Lo que había que hacer era "construir "a partir de la intervención libertaria en las luchas un instrumento adecuado al nuevo contexto histórico, sin embargo se quiso ahorrar esfuerzos sacando del armario una organización "lista para usar" y, paradójicamente, en lugar de ahorrar esfuerzos, esto malbarato todos los esfuerzos derrochados por el incipiente movimiento
libertario. El problema, claro, era que la perspectiva de "reconstruir" la CNT ejercía tal fascinación que era totalmente imposible ensayar un proyecto distinto.
En definitiva, "reconstruir" la CNT era, a la vez, absolutamente inevitable y totalmente
imposible…
imposible…
P) Ya para acabar, Tomas, como “sientes” socialmente el tiempo que actualmente estamos viviendo. Cuales serian las posibles claves para un futuro “anarquista” (sin dogmas por supuesto...)
R) Hace ya bastantes años que tengo el sentimiento de vivir unos tiempos de "transición" entre dos épocas bien distintas, el problema es que una de ellas, la que se va quedando atrás, la conocemos relativamente bien, mientras que la que va naciendo presenta aún contornos borrosos que no acabamos de descifrar. Parece que esa nueva época presenta ciertos rasgos estructurales que, por una parte, son propicios a funcionamientos sociales de tipo libertario y que, por otra parte, suscitan luchas que adoptan formas libertarias. Pero esa nueva época también va gestando nuevas modalidades de ejercicio de poder que no auguran nada bueno, y
también va propiciando formas de lucha que se sitúan en las antípodas de lo libertario. ¿Cómo se configurará el futuro? Por suerte, creo que ni los más poderosos del planeta lo saben con precisión, pero una cosa sí parece bien clara, y es que los planteamientos libertarios solo sobrevivirán si son capaces de romper anclas, de abandonar formulaciones propias del pasado y de inventar conceptos con la misma radical creatividad con la cual la propia sociedad inventa día a día nuevos escenarios.
Octavio Alberola
Octavio Alberola, de 78 años, ha sido un destacado militante en la lucha antifranquista. Coordinó el organismo llamado Defensa Interior (DI), un grupo secreto formado en 1962, por acuerdo de la CNT, la FAI y la Federación Ibérica de Juventudes Libertarias para reactivar la lucha contra el régimen del general Franco. En concreto, la hipótesis sobre la que se desarrolló la labor de DI es que la muerte de Franco traería irremediablemente la democracia. Actualmente Alberola trabaja en la revisión de las sentencias de muerte de Joaquín Delgado y Francisco Granado, que viajaron a Madrid en 1963 a las órdenes del propio Alberola para preparar un atentado contra Franco. Otra acción violenta se les cruzó en el camino, ya que dos compañeros anarquistas hicieron explotar una bomba en la Puerta del Sol. Fueron precisamente Granado y Delgado los acusados por este atentado, del que lo desconocían todo y que fueron ejecutados a garrote vil tan sólo 17 días más tarde de su detención.
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